miércoles, 19 de julio de 2017

¿Cómo comunicar el evangelio? Una propuesta encarnacional para tiempos posmodernos

¿Cómo comunicar el evangelio en un mundo actual, un mundo adulto, mayor de edad, que ya no necesita de Dios? Esta pregunta estuvo presente todo el semestre en el ramo de Comunicaciones de la Comunidad Teológica Evangélica de Chile, Sede Concepción. En paralelo a las distintas unidades del ramo, estuvimos leyendo el libro de Roger Lenaers, traducido y editado por Manuel Ossa, “Otro cristianismo es posible: Fe en lenguaje de modernidad”. Leímos otros textos relacionados al tema, incluyendo una reflexión sobre los escritos de Dietrich Bonhoeffer en la cárcel: ¿Cómo hablar de Dios sin religión?[1]

Mi respuesta es la siguiente: la comunicación del evangelio ha de ser ENCARNACIONAL. Hemos de ser, como comunidad de discípulos, una HERMENÉUTICA VIVA del evangelio. Lo hago desde mi postura luterana y bonhoefferiana, desde un enfoque misional.

Me es relevante apuntar que la posmodernidad muestra un panorama muy distinto a lo que Lenaers y Bonhoeffer plantean, pues la religiosidad no ha disminuido, sino que ha aumentado. No trataré de camuflar mi crítica contra Lenaers. Así mismo, refutaré la pretensión de colocar a Bonhoeffer en su misma línea. Veo en Bonhoeffer un tremendo aporte para corrientes como la misión integral y otras que entienden la posmodernidad como una poscristiandad, que a su vez implica una des-occidentalización y una des-racionalización del cristianismo.

“Otro cristianismo de Lenaers” vs “Un cristianismo sin religión de Bonhoeffer”

Lenaers comienza indicando algo que considero muy cierto, que el lenguaje y la comunicación no se limitan a lo hablado, sino que abarca nuestras doctrinas, celebraciones y estructuras. El lenguaje y la comunicación abarcan todo lo que somos, y eso es crucial para mi propuesta.

Luego comenta, considerando siempre su contexto católico-romano y europeo, que el lenguaje de la iglesia no comunica nada al mundo actual, y que aquello se ve reflejado en las tensiones entre conservadores y progresistas, en la decreciente influencia de la iglesia y en los templos cada vez más vacíos. Ante esto considera que es necesario actualizar el lenguaje, cambiar el envoltorio del producto, y que lo principal para aquello es reconocer la autonomía del mundo y despedirse de la heteronomía (la idea de que este mundo se es regido por otro mundo celestial o por un Dios de aquel mundo), y caricaturiza el cristianismo actual como una religión con la que buscamos comprarnos el favor de un Dios tirano. Lenaers habla de actualizar ese cristianismo proponiendo una teonomía, que sería la reconciliación entre la autonomía del ser humano y la fe en Dios: “Quien piensa en términos teonómicos, confiesa a Dios como la más profunda esencia de todas la cosas y por ello también como la ley interna del cosmos y de la humanidad”[2].

Luego de esto, comienza a reformular la doctrina desde la perspectiva teonómica, que sería una perspectiva optimista del humano y su desarrollo, negando toda intervención divina científicamente inexplicable, con un exacerbado evolucionismo y antropocentrismo. Se suma a los intentos liberales del siglo XIX de explicar o desmentir los milagros, la revelación divina en la Biblia, la personalidad de Dios, la divinidad de Jesús, su concepción virginal, su resurrección y nuestra esperanza de resurrección, la ascensión y su segunda venida, etc. Yo hubiese esperado que luego de las guerras mundiales, de la crítica de Barth a los liberales, y del desarrollo en la ciencia hermenéutica, esas pretensiones hubiesen quedado superadas.

En su crítica a la religión, Lenaers comparte varios puntos con Bonhoeffer, que yo considero extremadamente relevantes, como lo son la crítica a la “extramundanidad”, al status de privilegio que la religión se arroga, y al Deus ex machina o “Dios tapa hoyos” que termina siendo cada vez más irrelevante. Sin embargo, Lenaers y Bonhoeffer caminan por veredas contrarias. Lenaers, en un teocentrismo impersonal, niega toda posibilidad de autorrevelación de Dios, reduciendo la revelación a lo que las mismas personas han concluido en su búsqueda natural de lo divino. Tiene un concepto liberal de religión y busca actualizar esta religión cristiana, para que la Iglesia Católica Romana no pierda su influencia o vigencia. Bonhoeffer, en cambio, niega toda posibilidad de acercarse a Dios por la religiosidad o virtud humana, habiendo un solo camino hacia Dios, que es el camino de Dios autorrevelándose a nosotros: Jesucristo. Bonhoeffer no quiere actualizar la “religión cristiana”, sino que rechazar la religión, retomando la noción de Lutero al diferenciar la “religión natural” de la fe auténtica y cristocéntrica. El “cristianismo sin religión” de Bonhoeffer es un llamado a dejar de aferrarse a las construcciones humanas sobre Dios (usadas muchas veces para justificar las propias pretensiones de poder) y seguir a la persona de Jesucristo encarnada y crucificada, tomando en serio su sufrimiento en el mundo.

Esta diferencia entre entender, por una parte, la religión como un sentimiento humano hacia lo trascendente y, por otra parte, entender la fe como una autorrevelación de Dios, sería la línea divisoria entre los liberales y los barthianos. Lenaers está claramente en la vereda liberal y Bonhoeffer claramente en la vereda barthiana.

Pese a lo anterior, muchos se han esforzado por mostrar una imagen liberal de Bonhoeffer, entre los que destacan John A.T. Robinson[3] en Inglaterra y Harvey Cox en USA[4]. Éste último hace una apología de la secularización a partir de Bonhoeffer. Gustavo Gutierrez, considerado padre de la teología de la liberación, también muestra a Bonhoeffer como su precursor, a partir de lo cual muchos han visto en Bonhoeffer a un revolucionario. Barth se pronunciaba a esto de forma anticipada, advirtiendo sobre “la injusticia que se le hace al repentinamente ponerlo en la misma línea de Tillich y Bultmann”[5]

En cuanto al secularismo, sería provechoso recordar las palabras de Bonhoeffer en su conferencia pública el 19 de noviembre de 1932: “Somos ‘trasmundanos’ o somos ‘secularistas’; pero eso quiere decir, que no creemos en el reino de Dios. Somos enemigos de la tierra porque quisiéramos ser mejores que ella, o somos enemigos de Dios porque nos roba la tierra, nuestra madre. […] ¡No seáis ‘trasmundanos’, sino que sed fuertes! […] ¡Haceos débiles en el mundo, y dejad que Dios sea el Señor! Y es que tanto el ‘trasmundanismo’ como el ‘secularismo’ no son sino dos caras de la misma cuestión: la falta de fe en el reino de Dios. No cree el que huye del mundo, buscándolo allí donde no está su trabajo, ni cree el que piensa que debe erigirlo como un reino del mundo.”[6]

En cuanto a la actualización del cristianismo, sería provechoso recordar otra conferencia en 1935 sobre “La actualización de textos neotestamentarios”. Recordemos que la teología liberal también fue fundamento para los grandes adversarios de Bonhoeffer y el resto de la Iglesia Confesante (Bekenende Kirche). Los Cristianos Alemanes (Deutsche Christen) buscaban presentar un cristianismo depurado de todo lo relacionado a los judíos. Eso también implicaba una Biblia depurada. No solo depurada de lo que era judío, sino que también “actualizando su lenguaje” a la ciencia moderna, al biologismo nacionalsocialista, para poder llegar al “hombre moderno”. Ante esto, la charla de Bonhoeffer presenta la siguiente disyuntiva: “La cuestión de volver contemporáneo el mensaje del Nuevo Testamento puede significar dos cosas. O bien se quiere decir que el mensaje cristiano tiene que justificarse ante el mundo contemporáneo, y que en ese sentido tiene que mostrarse capaz de una actualización, o bien se quiere decir que el mundo contemporáneo tiene que justificarse ante el mensaje bíblico, y que para eso este mensaje tiene que volverse actual. Aquellos que plantean hoy esta pregunta por la ‘actualización’ con tan insólita urgencia, como la principal tarea de la teología, siempre están hablando en el primero de estos dos sentidos. […] así uno se compra un cristianismo útil, domesticado.”[7] Dietrich Bonhoeffer propone que la mejor actualización es la fiel traducción y exposición de la Biblia. “Es curioso que aún persista la opinión de que hay que añadir a la exposición del texto algo más, algo presuntamente más concreto. ¿Pero qué podría ser más concreto que ciertos capítulos del Apocalipsis, de los profetas, del sermón del monte o de la historia del buen samaritano? […] ¿No es acaso eso lo impresionante de nuestra época, que basta tomar cualquier texto y exponerlo de modo claro, agudo y pertinente a la materia, y que con eso ya está ‘actualizado’?”[8] Bonhoeffer insiste también en que se ha de leer la totalidad de la Biblia, como un todo, criticando la práctica liberal de distinguir entre ‘palabras humanas’ y ‘palabras divinas’. De todas formas, Bonhoeffer concedía un lugar a la crítica bíblica moderna, pero pone la llana exposición ‘ingenua’ por sobre la crítica.[9]

Sería bueno considerar todo esto cuando reflexionamos sobre “cristianismo sin religión” e “interpretación no religiosa de los términos bíblicos”. Aunque no falta quien argumente hablando de un quiebre en Bonhoeffer, viendo que en sus cartas de la cárcel, en sus últimos 2 años de vida, está renegando de su obra. Esta idea me parece descabellada. La idea del quiebre ya no tiene lugar y la continuidad en el pensamiento de Bonhoffer no está en discusión, gracias a la biografía de Bethge en el plano vivencial y a la obra de Feil (1971) respecto a su pensamiento teológico. Sin mencionar a otros cercanos, estudiantes y académicos que también refutan la idea del quiebre. Yo diría que basta con leer su obra con seriedad, en vez de dejarse llevar por reflexiones de terceros sobre citas sueltas. Me parece pertinente citar a Frits de Lange[10]:
“Bonhoeffer deja atrás esta fase de su vida [en la que podría tener pretensiones de una ‘vida santa’] sin abandonar la perspectiva de la fe que desarrolla en El Precio de la Gracia. Cuando dice: “Hoy puedo ver los peligros en ese libro, aunque aún mantengo lo que escribí[11], hace imposible considerar el periodo de El Precio de la Gracia como un desvío muerto en su camino desde ‘la iglesia’ hacia ‘el mundo’ en los ojos del último Bonhoeffer (Hanfried Müller). Más bien da argumento para responder a la cuestión de su ‘continuidad/discontinuidad’ en el desarrollo de la teología de Bonhoeffer de forma más dialéctica (con Von Weizsäcker)[12], en términos de un progreso de ideas que llegan a la madurez. Profundización y enriquecimiento en vez de quiebre y despedida.”

Posmodernidad y poscristiandad

El fenómeno de la posmodernidad es muy discutido y necesitaremos de varias décadas o siglos más para que los historiadores la describan y cataloguen. Sin embargo, me referiré a la comprensión que la “iglesia emergente” ha asumido de la posmodernidad, que es la corriente cristiana que más enfatiza en lo posmoderno. Según Patrick Franklin[13], la iglesia emergente abraza los siguientes aspectos de la posmodernidad: 1) La posmodernidad niega la verdad absoluta (o nuestro acceso a ella) y la objetividad del conocimiento, especialmente el concepto del observador desapasionado. 2) En vez de un optimismo moderno sobre la verdad (su bondad inherente, su tendencia hacia la sistemización y la claridad), el posmodernismo es escéptico de las meta-narrativas o reivindicaciones ‘totalizantes’, prefiriendo la paradoja y las diferencias. Se prefieren las metáforas sobre las proposiciones, así como se prefieren las narrativas sobre las sistematizaciones. 3) En la modernidad la verdad es accesible para el individuo a través de métodos racionales, en oposición a la tradición y la revelación, mientras que para el posmodernismo la ‘verdad’ se discierne a través de experiencias humanas compartidas. Es relacional, culturalmente tolerante y no-jerárquica. 4) Mientas que la modernidad es escéptica ante lo sobrenatural (es decir… ¿Dios existe?), el posmodernismo está abierto a la espiritualidad, al ritual y al misticismo (es decir… ¿cuál Dios(a)?). En la modernidad el misterio debe resolverse, pero en la posmodernidad el misterio es bien recibido y celebrado. 5) La metodología moderna insiste en la compartamentalización y la especialización, mientras que el posmodernismo enfatiza la integración, lo interdisciplinar y la interconexión de la vida. La modernidad tiende al dualismo (privado/público, espíritu/cuerpo, etc.), mientras que la posmodernidad abraza la tensión (nunca uno o el otro, sino que ambos).

Junto a todo esto está la crítica a la cristiandad, que nace del constantinismo y la teología del dominio católica-romana, que tanto romanos como evangelicales de influencia estadounidense tratan de preservar. Sin embargo, la cristiandad o era constantiniana empezaría a sucumbir a fines del siglo XX. Cuando hablo de cristiandad me refiero a la cultura occidental, entendida como cultura cristiana bajo el tutelaje de la iglesia. Si bien romanos y evangelicales buscan preservar el tutelaje de la iglesia sobre la cultura occidental, los liberales secularizadores también proponen la religión cristiana como base de la cultura occidental, no con el tutelaje de la iglesia, sino que bajo el tutelaje del Estado y diseminada en los valores y la ética de Jesús. Como diría Bonhoeffer, dos caras de la misma cuestión.

La teología luterana de la cruz, con su crítica a la razón, nos hace ver que Jesús no buscó una teocracia judía ni una cristiandad teocrática, sino que “proclamó una forma distinta de revolución, una en que el poder de Dios es demostrado a través de la debilidad, el amor, la sanidad, el perdón y la reconciliación. Este reino opera subversiva y sacrificialmente, no a través del poder y prestigio humanos”.[14] A esto mismo se refiere Bonhoeffer cuando critica la religión y la existencia de ese Dios glorioso y poderoso que viene a salvarnos, cual genio a nuestras órdenes. En la cruz está el Dios que nos abandona, pero que al mismo tiempo corre nuestra misma suerte y muere por nosotros, muestra máxima de su encarnación y su amor por nosotros. Como diría Pablo, ciertamente tropezadero para los religiosos que piden señales, ciertamente necio para los secularistas que piden sabiduría, pero los llamados ven en Cristo crucificado el poder de Dios y la sabiduría de Dios (1Cor.1:18-31).

Para profundizar en esta línea, recomiendo leer la obra de Matthew Kirkpatrick, especialmente la publicación llamada “Ataque a la cristiandad en un mundo mayor de edad: Kierkegaard, Bonhoeffer y la pregunta sobre un ‘cristianismo sin religión’”. [15]

Así mismo, me parece pertinente criticar la soberbia con que iglesias históricas y la academia han visto el pentecostalismo. Como diría Opoku Onyinah, presidente del Concilio Pentecostal y Carismático de Ghana, sobre la interacción entre culturas y el cristianismo africano y la posmodernidad: “es una nueva forma de cristianismo […] que ahora también está presente en occidente”[16]. El pentecostalismo, especialmente en su faceta en el mundo no occidental, es una fe posmoderna. Grandberg lo ilustra diciendo: “un evangelical quiere saber en qué crees, mientras que un pentecostal quiere escuchar tu historia espiritual”. Claramente resulta una simplificación, especialmente al ver cuánta influencia evangelical y fundamentalista tiene el pentecostalismo occidental, pero podemos decir que el pentecostalismo encarna un énfasis en lo narrativo y ve la realidad en las experiencias espirituales, desafiando la lógica y el racionalismo de la cultura occidental moderna.

Opoku Onyinah insiste en la relevancia que tiene creer en los milagros para la cultura posmoderna. ¡El evangelio debe ser encarnacional! Debes tocarlo, saborearlo, sentirlo. Eso también implica un desenvolvimiento activo en las artes y la cultura, el uso pleno de la tecnología y redes sociales, así como envolvimiento en política.

En los medios sociales puedo ver una informal pero creativa teología que llega a miles, a través de foros, memes cristianos, teoficciones y teografías[17]. También abunda la música en múltiples estilos, las dramatizaciones bíblicas, el cine, así como la diversificación de la liturgia y el compromiso con el prójimo y el que tiene necesidad, incluyendo las marchas y todo tipo de manifestaciones y activismo pacifista. Puede que simplemente estemos muy fragmentados y con nuestros corazones curvados sobre nosotros mimos, como para nutrirnos de todo lo que está aconteciendo impulsado por la multiforme gracia del Espíritu.

Ese evangelio multiforme y palpable podemos verlo también en otros cristianismos pietistas, así como en el cristianismo ortodoxo oriental. Como luterano también toco, saboreo y siento la Palabra hecha carne en la Santa Cena, que me habla de un Cristo que sigue encarnándose en medio nuestro, que existe en forma de comunidad y en aquellos que nos necesitan.

Una eclesiología misional y encarnacional, una hermenéutica viva

Me quiero limitar ahora a mostrar mi apoyo a la propuesta de Patrick Franklin[18], de entender la eclesiología de Bonhoeffer como una eclesiología misional. Esto es, no entender la misión como una tarea de la Iglesia, sino que como la esencia misma de la Iglesia. No es que Dios le haya dado una misión a la Iglesia, sino que creó una Iglesia para su misión. La Iglesia ES misión y la misión significa SER una comunidad de discípulos enviada al mundo. Esto se basa en la naturaleza relacional y ‘enviadora’ de Dios. Él mismo está comprometido con la misión en el mundo y viene a él. Envía a su hijo, encarnándose en Él, y así mismo nos envía a nosotros con el amoroso poder del Espíritu Santo, encarnándose en nosotros. La Palabra hecha carne, Jesucristo, existe en la comunidad de discípulos que, en su vida comunitaria, son la viva hermenéutica del evangelio.

Dios no se comunica por raciocinios ni a través de métodos ni religiones, sino solo a través del encuentro personal en Jesucristo a través de la historia y de la vida. Hay que entender los límites del lenguaje, como diría Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Vuelvo a citar a Frits de Lange[19]:
 "Puedo decir con veracidad sobre mi propia vida, que sobre el evangelio he aprendido mucho menos del estudio de la teología, que de las vidas de personas santas. En parte, esto refleja la estructura narrativa del evangelio cristiano. Las verdades del cristianismo son verificadas en el testimonio vivo y no en el silogismo lógico."

Este sería el resumen general de lo que implica esta eclesiología misional, según lo propuesto por Patrick Franklin, dentro de lo que yo englobo todo lo expuesto en este ensayo: 1) La Iglesia proclama y encarna el evangelio; 2) la Iglesia practica un "cristianismo sin religión"; y 3) La Iglesia existe-para-otros, siguiendo a Jesucristo como “hombre-para-otros” en el mundo.

Y para cerrar quiero volver a la pregunta primera: ¿Cómo comunicar el evangelio en un mundo actual, un mundo adulto, mayor de edad, que ya no necesita de Dios? ¿Cómo hablar de Dios sin religión? Respondo con las palabras del hermano François, de la Comunidad de Taizé[20]:
“¿Cómo hablaremos entonces de Cristo hoy? Bonhoeffer responde: a través de nuestra vida. Es impresionante ver cómo describe el futuro a su ahijado: «Llegará el día en que quizá será imposible hablar abiertamente; pero rezaremos, haremos lo que es justo. Y llegará el tiempo de Dios». Bonhoeffer cree que el lenguaje necesario nos será dado por la vida. Todos podemos sentir hoy, incluso respecto a quienes están más cerca de nosotros, una gran dificultad para hablar de la redención por Cristo, de la vida después de la muerte o, más aún, de la Trinidad. Todo eso se encuentra tan lejos para la gente que, en cierto sentido, ya no necesita de Dios. ¿Cómo tener la confianza de que, si nuestras vidas están enraizadas en Dios, el lenguaje nos será dado? No nos será dado si disminuimos el Evangelio. No, el lenguaje nos será dado si vivimos verdaderamente de él.”




[1] Dietrich Bonhoeffer, Seigneur des non-religieux, Études 3943(2001)371-382, traducido y condensado por Márius SALA.
[2] Roger Lenaers, Otro Cristianismo es posible. Fe en lenguaje de modernidad, Editorial Abya Yala 2008. pág.25.
[3] John A.T. Robinson, Honesto para con Dios (1963)
[4] Harvey Cox, La ciudad secular (1965)
[5] Bath(1971:122), extraído como cita del libro de Manfred Svensson “Vida y pensamiento de Dietrich Bonhoeffer: Resistencia y Gracia Cara”.
[6] Dietrich Bonhoeffer, Dein Reich komme, conferencia en Berlin, 1932. Traducido por Wilfred Faber, 1992, versión 2.4 (Mayo 2011) www.venga-tu-reino.blogspot.com
[7] DBW XIV, 399-401. Illegale Theologenausbildung: Finkenwalde 1935-1937. Traducido por Manfred Svensson. Este párrafo sobre la charla en 1935 “La actualización de textos neotestamentarios” lo extraigo casi textual del libro de Svensson, Vida y pensamiento de Dietrich Bonhoeffer. Resistencia y gracia cara, Editorial CLIE 2011, pág. 174.
[8] ídem, 410-411.
[9] Nuevamente, estoy parafraseando casi textualmente a Manfred Svensson, Vida y pensamiento de Dietrich Bonhoeffer. Resistencia y gracia cara, Editorial CLIE 2011, pág. 178.
[10] Frits de Lange, Saint Bonhoeffer? Dietrich Bonhoeffer and the Paradox of Sainthood, traducción mía. Última revisión el 16/07/2017 en: https://www.academia.edu/5900357/Saint_Bonhoeffer_Dietrich_Bonhoeffer_and_the_Paradox_of_Sainthood
[11] Carta del 20 de Julio de 1944, citada por Frits de Lange
[12] Carl Friedrich von Weizsäcker, Gedanken eines Nichttheologen zur theologische Entwicklung Dietrich Bonhoeffers’, in Hans Pfeifer (ed.), Genf 76. Ein Bonhoeffer-Symposion, Chr. Kaiser München 1976, 29 –50,  43.
[13] Patrick S. Franklin, John Wesley in conversation with the emerging church, McMaster Divinity College (2008), pág.3.
[14] Referecia que hace Patrick Franklin a la obra de McLarren “The Secret Message of Jesus” en, John Wesley in conversation with the emerging church, McMaster Divinity College (2008), pág.7. No puedo sino ver en esta descripción una muestra de la teología de la cruz de Lutero.
[15] Matthew Kirkpatrick, Attacks on Christendom in a World Come of Age: Kierkegaard, Bonhoeffer, and the question of “Religionless Christianity”. Princeton Theological Monographs. Eugene, OR: Pickwick Publications (2011).
[16] Mi fuente es Wes Grandberg-Michaelson, tutor de From Tomes Square to Timbuktu: The Post-Christian West Meets the Non-Western Church. Publicó sobre el pentecostalismo como religión posmoderna en Sojouners, última revisión el 17/07/2017: https://sojo.net/articles/pentecostalism-postmodern-culture
[17] En la Comunidad Teológica Evangélica tenemos a un grande que puede enseñarnos sobre cómo comunicar el evangelio en la actualidad, nuestro compañero el pastor Francisco Pincheira.
[18] Patrick Franklin, Bonhoeffer’s Missional Ecclesiology, McMaster Divinity College, 2007-2008. Traducido por mi persona en https://protestayfe.blogspot.cl/2017/05/la-eclesiologia-misional-de-bonhoeffer.html.
[19] Frits de Lange, Saint Bonhoeffer? Dietrich Bonhoeffer and the Paradox of Sainthood, traducción mía. Última revisión el 16/07/2017 en: https://www.academia.edu/5900357/Saint_Bonhoeffer_Dietrich_Bonhoeffer_and_the_Paradox_of_Sainthood
[20] Hermano François de Taizé. Un Retrato. La actualidad de Dietrich Bonhoeffer (1906-1945). Última actualización el 22 de junio de 2007: http://www.taize.fr/es_article4891.html

jueves, 13 de julio de 2017

"Ideología de Género"

La polémica mediática en torno a la inclusión de trans e intersex en el sistema educacional, o "ideología de género" como le dicen sus detractores, me parece un pobre circo. Insisto en lo que he repetido... más que preocuparse del tema real, pareciera ser una lucha partidista ideológica.
Por fin leí a consciencia (aunque algo rápido) la circular del mineduc y sus orientaciones pedagógicas (https://www.mineduc.cl/…/mineduc-superintendencia-entregan…/). No se puede hablar con propiedad al respecto sin leerlo. Es lo mínimo.
Respecto a las orientaciones pedagógicas, me parece un excelente material. Basado en los DDHH y aplicándolo para la vida escolar y planificación de clases. ¡Excelente trabajo! De todas formas, no se puede negar su contenido ideológico y no me quedó claro hasta qué punto será obligatorio usarlo o no. Me parece legítimo el derecho que reclaman los "conservadores" de protestar en contra, especialmente si en su propuesta está desconocer la declaración de DDHH como norma valórica (cuestión a la que no se le ha tomado el peso). El problema es que el nivel de argumentación y moral es penosa, y no se ve ninguna seriedad. Pero eso aplica a ambos lados del conflicto.
En cuanto a la circular, lo único que hace es obligar a usar el lenguaje inclusivo, a usar el nombre social de la persona trans/intersex en vez del legal, el de permitir usar la ropa o uniforme del género que quiera, velar para que no sea pasada a llevar en su intimidad. Lo del baño queda abierto a lo que acuerden las partes. El resto es repetir cuestiones que ya son ley, respecto a los derechos del niño y leyes de no discriminación. Todo se aplicaría luego de una entrevista solicitada por el estudiante o sus apoderados. Me parece excelente. Lo único que me choca es la obligación de usar lenguaje inclusivo, siendo que todavía no hay acuerdos serios al respecto y para muchas profesionales será una muerte intelectual. Así mismo, si se habla de un cambio legal de la identidad.... ¿Por qué no esperar a que se haga el cambio de identidad legal en vez de obligar a ocupar el "nombre social"? Eso de tener un nombre legal distinto al nombre social se puede prestar para muchas cosas. Mejor agilizar el cambio de nombre legal.
Las cosas que plantea, en general, me parecen lógicas, pero no se han trabajado correctamente. Pareciera ser un gol de media cancha que ciertos políticos quieren hacer, dentro de las pugnas ideológicas-partidistas. El nivel democrático en Chile da vergüenza, y se debe a la pésima educación que tenemos, pero principalmente al concepto (neo-)liberal de sociedad. Los valores del individualismo y la tolerancia moral son una gran mentira que nos tiene en la ruina, partiendo por la crisis de gobernabilidad. Lo único que realmente mantiene la cohesión social es el concepto de comunidad, la cual necesita un tejido moral común. Y efectivamente, hay morales impuestas, aunque se quiera generar la ilusión de que hay libertad y tolerancia al respecto. Debemos tomar más en serio el ejercicio del poder y transparentar estas cosas, porque así como estamos, simplemente serán ciertos pocos poderosos los que impongan su modelo de sociedad a la infinidad de personas atomizadas.

miércoles, 21 de junio de 2017

Evangelio según Pastor Soto

1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.
3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.
5 ¿qué hacemos con ella? ¿qué dices?
6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Como está escrito: "Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos." ¡Tomen sus piedras!
8 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, preguntaban: Maestro, ¿y qué hay del varón que también calló en adulterio?
10 Y Jesús, con toda autoridad, no como los fariseos y maestros de la ley, repitió: ¡Tomen sus piedras y hagamos la justicia que reclama Dios! ¡No inciten la ira de Dios, que pronto os castigará con un gran terremoto!
11 Tomaron las piedras y unánimes las lanzaron a la adúltera y le dieron muerte, haciendo justicia y satisfaciendo las demandas de Jehová, nuestro Dios. ¡Gloria a Dios!¡Gloria a Dios!¡Gloria a Dios!

Del Evangelio según Pastor Soto 8:1-11.
#Teoficción

lunes, 12 de junio de 2017

Bonhoeffer y el Pentecostés como impulso hacia un cristianismo sin religión

Este artículo fue escrito originalmente para Pensamiento Pentecostal: https://pensamientopentecostal.wordpress.com/2017/06/12/bonhoeffer-y-el-pentecostes-como-impulso-hacia-un-cristianismo-sin-religion-por-patrick-bornhardt/




Acercándose el tiempo de Pentecostés, se me propuso escribir, como luterano, sobre la perspectiva de Dietrich Bonhoeffer en torno a esta fiesta. Lo más difícil es que, por más que buscara, no encontré ninguna referencia explícita, por parte de Bonhoeffer, al Pentecostés. Algo que me motivó en mi búsqueda fue el artículo de Patrick Franklin sobre la eclesiología misional de Bonhoeffer, que traduje recientemente.
Tal artículo presenta una recepción de Bonhoeffer desde la perspectiva de la Misión Integral, conocida también bajo términos como “iglesia misional” o “iglesia holística”. Esta perspectiva la vemos promocionada por teólogos y movimientos relacionados a la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y a la Red Evangelio y Nuestra Cultura (GOCN = Gospel and Our Culture Network), entre otros.
En este tiempo de Pentecostés, en que recordamos cómo el Espíritu Santo se manifestó a la Iglesia para comenzar la misión a todas las lenguas, naciones y razas, me parece pertinente resumirles el aporte de la eclesiología misional de Bonhoeffer y su relación con el Pentecostés. Por cuestiones de extensión no podré profundizar mucho, pero dejaré lineamientos claros.
Muy pocos se han abocado a la pneumatología (teología del Espíritu Santo) y a la misionología (teología de la Misión) de Bonhoeffer, que suele escribir siempre en términos cristológicos (teología sobre Jesucristo) y eclesiológicos (teología sobre la Iglesia). Bonhoeffer no trata la pneumatología ni la misionología de forma sistemática, ni usa el mismo lenguaje que los misionólogos de su tiempo. Sin embargo, concuerdo con Patrick Franklin en que la eclesiología de Bonhoeffer es esencialmente una eclesiología misional. No tiene una misionología que dependa de su eclesiología ni como una rama distinta a su eclesiología, sino que tiene una eclesiología misional. Pero… ¿qué significa “misional”?
El término “misional” fue acuñado para expresar que la misión no es simplemente una sub-categoría de la eclesiología, sino que es la esencia de lo que significa ser Iglesia. La Iglesia no “hace” misión, sino que la Iglesia “es” misión. La iglesia no “tiene” una misión, sino que la misión tiene una Iglesia. Dios ha creado una Iglesia para su misión, una Iglesia enviada. Esta perspectiva se basa en la naturaleza misional de Dios, la naturaleza misionera o “enviadora” de Dios (i.e., la missio Dei), en cuanto Dios envía a su Hijo, a su Espíritu y a la Iglesia al mundo. Dios mismo ha venido al mundo con una misión, y nos da el privilegio de ser parte de ella.
Son 3 las ideas principales de Bonhoeffer que Franklin explora: 1) la Iglesia se compromete con la misión al proclamar y encarnar el evangelio; 2) la Iglesia logra su misión por la fe, no por “religión”; y 3) la Iglesia persigue su misión al existir-para-otros en una vida de costoso discipulado y acción responsable en medio del mundo. En este artículo trataré nada más la propuesta que hace Bonhoeffer de un “cristianismo sin religión” y lo relacionaré con la misión, el Pentecostés y el cristianismo pentecostal.
Primero, un poco de contexto para poder referirnos a la diferencia que hace Dietrich Bonhoeffer entre “fe” y “religión”. Hemos de saber que, como actor relevante de la Iglesia Confesante en Alemania (Bekenende Kirche), tuvo que llevar a cabo su tarea teológica de forma clandestina y finalmente fue llevado a la cárcel por conspirar contra Hitler, hasta ser ahorcado el 9 de abril de 1945, un mes antes de la rendición de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La Iglesia Confesante fue una minoría en la Iglesia Evangélica Alemana que se opuso al nazismo y a las presunciones del movimiento de Cristianos Alemanes (Deutsche Christen), que había puesto a la iglesia en completa subordinación al Führer y a su agenda nacionalista y racista. La Iglesia Confesante tuvo que levantar su voz para insistir que nuestro único Führer (líder) es Jesucristo y que hemos de reconocer la autoridad tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento (los Cristianos Alemanes desconocían la autoridad del AT por ser judío), así como el deber de la Iglesia de mantenerse independiente del gobierno y confrontarlo con la Palabra de Dios.
Es justamente en las cartas que escribe desde la cárcel, que después son recopiladas bajo el título Resistencia y Sumisión, donde desarrolla sus ideas de un “cristianismo sin religión”, completamente decepcionado de la iglesia institucional que apoyó al nazismo. La religión organizada simplemente ha luchado por su propia supervivencia y ha minado la fe auténtica, dejando a Cristo de lado. Además, ¿cómo se ha de presentar la fe en una sociedad moderna, que en su “mayoría de edad” ya no acepta las propuestas religiosas? La pregunta que Bonhoeffer se hace constantemente y que es motora de toda su teología es: “¿Es hoy Cristo el fundamento de la Iglesia? ¿Quién es Cristo para nosotros, y qué está diciendo hoy al mundo?” Su crítica es cristocéntrica y contiene una confianza evangelística que de ninguna forma puede sustentar la idea posteísta que algunos teólogos han formado de Bonhoeffer, así como tampoco puede sustentar la idea que algunos teólogos de la liberación se han hecho de él.
Son seis los aspectos que Patrick Franklin rescata de la crítica que Bonhoeffer hace contra la religión, esenciales para vivir una auténtica misión integral de cara al siglo XXI: 1) religión natural vs fe reveladora; 2) dos esferas vs totalidad de la realidad; 3) individualismo privado vs testimonio público; 4) Dios como tapa-hoyos vs Dios como centro de la existencia; 5) privilegio y status vs postura de servicio; 6) retirada cultural vs compromiso mundano. Trataré de tratar cada punto de forma resumida, pudiendo ustedes recurrir al artículo ya mencionado para profundizar.
     Religión natural vs Fe reveladora
Para Bonhoeffer la religión, junto a la ética, la razón, el deber, la libertad, la virtud, el sentimentalismo, etc., son intentos humanos para llegar a Dios. La religión se basa en medios humanos para llegar a Dios y como tal es un camino fracasado, pues el humano, a raíz de la caída, tiene un cor curvum in se (un corazón curvado hacia sí mismo). A cambio, la fe auténtica es una revelación y viene solo de Dios. El único camino fructífero hacia Dios es el que Dios mismo ha hecho hacia nosotros: Cristo Jesús. En consecuencia, Jesús no fundó una nueva religión, sino que re-creó y renovó una parte del mundo, esta es la Iglesia, una nueva humanidad. Mientras que la religión se preocupa por la piedad y esfuerzo humano, la fe se orienta a la realidad de Dios. Mientras que la religión se origina con las palabras humanas, la fe viene de la Palabra de Dios (aparte de la Palabra de Dios, las palabras religiosas son superfluas).
Bonhoeffer emplea a la religión la crítica de Pablo a la circunsición (Gal.2:11-21). Para Pablo, la circuncisión verdadera (la fe verdadera) no tiene relación a apariencias externas, sino que concierne al corazón y es lograda por el Espíritu Santo (Gal.5:5; 6:16; Rom.2:25-29). Al aplicar estos pasajes, Bonhoeffer señala que la religión es el intento humano por alcanzar a Dios en base a sus propias intenciones, esfuerzos y capacidades. No hace a la gente libres-para-Dios-y-los-otros, sino que las encarcela y esclaviza en expectativas, leyes, sistemas, ideologías humanas y sub-culturas. En contraste, la fe verdadera se basa en la acción y el amor incondicional de Dios, en su gracia.
     Dos esferas vs Totalidad de la realidad
Mientras que la religión es fragmentaria, la fe es holística. Considera la totalidad de la propia existencia, pues Jesús no llama a cambiarse de religión, sino que llama a una nueva vida. Expone el peligro del pensamiento dicotómico de “pensar en dos esferas”, en la que separamos nuestra vida religiosa de nuestra vida secular, lo que divide nuestra vida en categorías fragmentarias, compartamentalizadas y desconectadas. Otras dicotomías a criticar son la de fe interior y práctica exterior, gracia y obras, vida privada y vida pública, entre varias otras. La fe debe impactar la totalidad de nuestra vida, de forma integral y holística, o sino la fe y la persona de Cristo se vuelven irrelevantes. Se practicaría una “espiritualidad” que no impacta nuestra vida “secular” y una vida “secular” que reclama autonomía y supremacía sobre la vida “espiritual”. Esto asume que existen realidades que se escapan de la realidad de Cristo y de su autoridad, ignorando la relevancia de que Dios se haya hecho carne en Jesucristo, reconciliando en Él toda la realidad. La fe auténtica se pone en el Cristo Encarnado, que es el Centro y Mediador de toda nuestra experiencia y realidad.
     Individualismo privado vs Testimonio público
A medida que la opresión política, espiritual y racial aumentaba en Alemania, Bonhoeffer fue aumentando su crítica hacia las formas internas e individualistas de piedad que no llevaran a los cristianos a ser solidarios con los oprimidos o a protestar contra las atrocidades nazis. He ahí su famoso lamento: “Solo aquél que llora por los judíos puede cantar canto gregoriano”. Critica el individualismo y la exagerada “extra-mundanidad” del cristianismo, que reduce el evangelio a una religión para “salvar almas” para un “más allá”. Sin negar la relevancia de la vida eterna, la Encarnación demuestra que Cristo vino a restaurar este mundo, y Bonhoeffer nos exhorta a escuchar el llamado que hacen los profetas del Antiguo Testamento a confrontar la opresión, la pobreza y la falta de Dios en nuestro mundo.
     Dios como tapa-hoyos vs Dios como centro de la existencia
La religiosidad de las diferentes culturas ha usado el concepto de Dios para explicar (tal vez por flojera) aquello que se escapa de nuestro conocimiento, o bien han invocado a Dios como a una especie de genio que nos tiene que servir cuando las fuerzas humanas encuentran su límite. Un ejemplo contemporáneo es la teología de la prosperidad, que promete felicidad, riqueza, poder, influencia, seguridad y privilegio, pero que no necesariamente implica una conversión y un seguimiento real. El diezmar y obedecer al pastor se vuelven formas de negociar o invocar a Dios, como si fuera un hada que tapa nuestras falencias y cumple nuestros sueños. Aquella gente queda fácilmente atrapadas en ideologías triunfalistas que apoyen sus propias agendas, usando a Dios para justificar sus propios deseos de poder. Pasa lo mismo con muchos teólogos de la liberación, que utilizan a Dios y la religión solo como un medio para apoyar sus propias agendas ideológicas y para tener influencia.
Critica el uso de un Deus ex machina, un Dios que no es parte de la vida ni de la realidad, pero que esperamos irrumpa en ella a resolver cuestiones de forma mágica. En la medida que la ciencia aumenta, ese dios tapa-hoyos pierde relevancia, empujando a Dios a la periferia de nuestra vida.
La fe auténtica no utiliza a Dios como instrumento para tapar hoyos, sino que la fe auténtica vive con Dios, frente a Dios y para Dios cada segundo, y ve en Él el centro y la esencia de la vida, el sentido de la realidad en todas sus dimensiones.
     Privilegio y status vs Postura de servicio
Otra crítica relevante es que la “’religión’ ha formado un cristianismo que desarrolló una clase privilegiada de iniciados que está por encima de los de afuera.” Gracias al imperio romano y la formación de la cristiandad (concepto que entiende a las sociedades occidentales como sociedades cristianas o Estados cristianos), la iglesia logró un estatus honorífico y asumió una posición de guardiana y de tutelaje sobre la sociedad. Las instituciones religiosas cristianas se volvieron poderosas e influyentes, fomentando dependencia en sus miembros, en vez de convertirlos en agentes de cambio empoderados por el Espíritu para la misión. Para corregir esta tendencia, Bonhoeffer insiste que el cristianismo debe aceptar la venida de un mundo mayor de edad y adoptar el consiguiente rechazo al patronaje de la Iglesia. Esto es, rechazar el concepto de cristiandad. Paradójicamente, esto nos llevará a un verdadero reconocimiento de nuestra situación ante Dios y la sociedad: una de testimonio y servicio plenamente humildes, dependiendo del poder del Espíritu Santo y no del poder de los reinos de este mundo.
     Retirada cultural vs Compromiso mundano
Mientras que la fe auténtica lleva a un encuentro transformador con el mundo real, la religión promueve una mentalidad sectaria o de gueto. Bonhoeffer siempre elogia la “mundanidad” del cristianismo, pero al hacerlo no está promocionando una actitud o un estilo de vida irresponsable, descuidado ni hedonista. Es cuidadoso al distinguir entre formas genuinas y falsas de mundanidad. Para Bonhoeffer, la mundanidad solo puede ser genuina cuando se basa en la Encarnación de Jesucristo. Como dice en su poema del 21 de julio de 1944:
“El que se ha dejado a sí mismo para dedicarse a las tareas de este mundo, se entrega completamente en los brazos de Dios… eso es fe… y toma con seriedad el sufrimiento de Cristo en este mundo.”
     Volviendo al Pentecostés: Impulso hacia un cristianismo sin religión
Al menos desde mi comprensión de la fe cristiana y evangélica, desde una propuesta luterana y bonhoefferiana, veo la urgencia de volver a enfatizar en el Pentecostés. Estamos ante una sociedad mayor de edad que nos está exigiendo un mejor testimonio, uno que se desprenda de los vicios de la religión y que deje de utilizar a Dios para sus propios fines y proyectos. En este sentido, veo en el Pentecostés una inspiración para encarnar lo que Bonhoeffer propone como un cristianismo “sin religión”, una fe auténtica centrada en Cristo y en la acción del Espíritu de Dios en nuestro mundo.
En los pasajes ya citados (Gálatas, Romanos), en que Pablo critica a los judaizantes, se nos muestra que la misión no trata de imponer nuestras formas, culturas e ideas, sino de que las personas conozcan a Dios en la persona de Jesús y les transforme a ellos, así como a nosotros. Lo mismo vemos en Hechos 15, en el primer gran Concilio de la Iglesia. En el Pentecostés de Hechos 2 y 4 vemos como el Espíritu Santo levanta una comunidad de discípulos enviada a todas las lenguas, culturas y razas, no para imponerse, sino para servir y ser transformados. Predicar al Jesús crucificado y resucitado lleva sin otra alternativa a una comunión profunda con Dios y los hermanos. Una transformación completa de nuestra vida hacia una libertad-para-Dios-y-los-otros. Una comunión que abarca todos los aspectos de la vida, especialmente el económico y el social. En aquella comunidad cristiana vemos con claridad que se rompen todas las supuestas dicotomías, que el servicio social se basaba en la predicación de Jesús viceversa, y se dirigía tanto a los hermanos como a toda la sociedad. Aquello se ve con más énfasis en la elección de los diáconos, destinados a servir a las mesas (Hechos 6). Pareciera que los apóstoles quieren ver la predicación de la Palabra y la acción diacónica-social como áreas excluyentes, pero el Espíritu Santo dice otra cosa al enviar a Esteban, escogido como diácono, a predicar y volverse el primer mártir de la Iglesia. Lo importante es la vida comunitaria que suscita el Espíritu Santo y que se abre a compartir con el otro, encarnando el cuerpo mismo de Cristo en la comunidad de discípulos. Los discípulos se ven constantemente enfrentados a los políticos y poderosos, al igual que Cristo, pero siempre se fían del humilde poder del Espíritu y su Palabra.
Esto se sigue enfatizando en el llamado “Pentecostés de los gentiles”, en Hechos 10, cuando Pedro es llamado a sobrepasar sus concepciones religiosas de lo puro e impuro, y es llamado a predicar a Cornelio y los suyos, reconocer el don del Espíritu Santo en ellos y bautizarles.
El cristianismo de Hechos, y del Nuevo Testamento en general, es la respuesta a un judaísmo anquilosado en su religiosidad, así como una respuesta a los movimientos de liberación mesiánicos. Critica tanto a los ritualistas como a los politiqueros. Contextualizándolo al día de hoy, cito la referencia que René Padilla hace a Bonhoeffer:
“Afirma Bonhoeffer que en ambos acercamientos se puede hablar y predicar sin mayor dificultad, puesto que para ambos hay audiencia. La iglesia que huye del mundo atrae a los débiles, a los defraudados, “a los hijos desleales de la tierra”. Por otra parte, la iglesia secularizada atrae a los valientes y decididos, “a todos los hijos demasiado fieles a la tierra”. En ambos casos, sin embargo, lo que prima es la falta de fe en el Reino de Dios: no cree en el Reino ni el que trata de encontrarlo fuera del mundo, ni el que piensa que tiene que construirlo como un reino de este mundo”
Refiriéndonos a los avivamientos y pentecostalismos de hoy, hemos de decir que comparten con Bonhoeffer una inquietud esencial: la corrupción de la institucionalidad y la religión organizada, que minan la fe auténtica.
Por otro lado, hay una diferencia crucial. Se trata de la diferencia que los luteranos hacemos entre la teología de la gloria y la teología de la cruz. Se ha de tener cuidado cuando los avivamientos y los dones del Espíritu hacen que los ojos se pongan sobre los hombres, y se utilicen supuestas manifestaciones para auto-justificar las propias presunciones de poder, o para juzgar a aquellos con otra expresión de la fe o una agenda distinta a la propia. Aquello se aleja completamente del mensaje de Pentecostés. Los luteranos insistimos en la teología de la cruz, que nos llama a no buscar a Dios en lo espectacular, sino que en el escándalo de la muerte y debilidad de Dios en la cruz. La teología de la cruz insiste que seguir a Cristo significa seguirle en el camino de la cruz, en la obediencia simple y sencilla a su Palabra. La teología de la cruz desconfía constantemente de nuestra acción humana y apunta constantemente a la gracia de Dios, de la cual dependemos constantemente.
Bonhoeffer critica el sentimentalismo y otras formas de manipulación que no impliquen un encuentro real y comprometido con la realidad de Cristo y de las personas. Sin embargo, diría que toda su propuesta eclesiológica y misional se ve muy influenciada por su experiencia en Estados Unidos, junto a las pentecostalizadas iglesias negras. Quedó estupefacto con los “negro spiritual” y en una carta a su familia escribió:
“He tenido la oportunidad de escuchar el evangelio en las iglesias negras. Aquí uno puede hablar y escuchar de forma veraz sobre nuestro pecado y sobre la gracia de Dios y su amor, aunque sea en formas a las que no estamos acostumbrados. En contraste con las prédicas blancas, generalmente didácticas, ¡el Cristo negro es predicado con una pasión y visión arrebatantes!”
Mi intención al escribir esto, es que miremos la precaria realidad de la Iglesia hoy, dividida y eternamente sub-dividida en grupos que luchan entre sí y buscan su propia supervivencia. Iglesias pentecostales, que nacieron del avivamiento liberador del Espíritu, ahora esclavizadas por instituciones rígidas, obsesionadas por “el buen testimonio” como si la salvación fuera por obras, obsesionada por la autoridad de los pastores y los ungidos, limitando el poder de la mujer dentro de las iglesias (cuando el origen pentecostal se debió en gran medida a liderazgos femeninos), obsesionadas en mantener su subcultura, confiando más en su propia tradición que en la Biblia misma, luchando por espacios de poder y dominación por medio de partidos políticos, imponiendo su agenda ideológica y mirando con desconfianza a otros hermanos que confiesan al mismo Señor.
No es una realidad que aplique solo a pentecostales, sino que es generalizada en nuestras diferentes comunidades, especialmente en mi propia iglesia, sumida en divisiones institucionales y aferrada a la supervivencia de sus proyectos propios.
Se hace muy vigente la pregunta que perseguía a Bonhoeffer: “¿Es hoy Cristo el fundamento de la Iglesia? ¿Quién es Cristo para nosotros, y qué está diciendo hoy al mundo?”
Solo hay una esperanza: ¡Que Dios obre un genuino avivamiento en medio nuestro! ¡Que un nuevo Pentecostés nos libere de nuestra religiosidad y renueve a la Iglesia, enviándola tanto a proclamar como a encarnar a Cristo, en medio de nuestro mundo sufriente y necesitado de Dios!
Ven, Señor Jesucristo. Ven, Espíritu Santo. Amén.
Bibliografía:
  • Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y Sumisión.
  • Martin Doblmeier, Bonhoeffer (2003) Anti-Nazi Church Leader Bio.
  • René Padilla, Venga tu reino: La misión del reino de Dios.
  • Patrick Franklin, La eclesiología misional de Bonhoefferhttps://protestayfe.blogspot.cl/2017/05/la-eclesiologia-misional-de-bonhoeffer.html
    • The Trinity. Volume 5 of The Works of Saint Augustine: A Translation for the 21st Century. Edited by John E. Rotelle. Translated by Edmund Hill. New York: New City Press, 1991.
    • Ballard, Paul H. “Worship in a Secular World: Bonhoeffer’s Secret Discipline.” PSB 68, no. 2 (1975) 27–36.
    • Bethge, Eberhard. “Bonhoeffer’s Christology and his ‘Religionless Christianity.’” USQR 23, no. 3 (1967) 61–77.
    • ––––––. Dietrich Bonhoeffer: A Biography. Edited by Victoria J. Barnett. Translated by Eric Mosbacher, et al. Rev. ed. Minneapolis: Fortress Press, 2000.
    • Bliese, Richard. “Bonhoeffer and the Great Commission: Does Bonhoeffer Have a Theology of Mission?” In Reflections on Bonhoeffer: Essays in Honor of F. Burton Nelson, 253–66. Chicago: Covenant Publications, 1999.
    • Bonhoeffer, Dietrich. Act and Being: Transcendental Philosophy and Ontology in Systematic Theology. Volume 2 of Dietrich Bonhoeffer: Works. Edited by Wayne Whitson Floyd, Jr.  Translated by H. Martin Rumscheidt. Minneapolis: Fortress Press, 1996.
    • ––––––. The Cost of Discipleship. New York: Simon and Schuster, 1995.
    • ––––––. Creation and Fall: A Theological Exposition of Genesis 1–3. Volume 3 of Dietrich Bonhoeffer: Works. Edited by John W. de Gruch. Translated by Douglas Stephen Bax. Minneapolis: Fortress Press, 1997.
    • ––––––. Ethics. New York: Simon and Schuster, 1995.
    • ––––––. Letters and Papers from Prison. Edited by Eberhard New York: Macmillan, 1972.
    • ––––––. Life Together. Volume 5 of Dietrich Bonhoeffer: Works. Edited by Geffrey B. Kelly. Translated by Daniel W. Bloesch and James H. Burtness. Minneapolis: Fortress Press, 1996.
    • ––––––. Sanctorum Communio: A Theological Study of the Sociology of the Church. Volume 1 of Dietrich Bonhoeffer: Works. Edited by Clifford C. Green. Translated by Reinhard Krauss and Nancy Lukens. Minneapolis: Fortress Press, 1998.
    • ––––––. Temptation. Edited by Eberhard Bethge. Translated by Kathleen Downham. London: SCM, 1955.
    • ––––––. The Way to Freedom: Letters, Lectures and Notes 1935–1939. Edited by Edwin H. Robertson. Translated by Edwin H. Robertson and John Bowden. New York: Harper and Row, 1966. Copeland, Kenneth. The Laws of Prosperity. Greensburg: Manna Christian Outreach/Kenneth Copeland Publications, 1974.
    • Franklin, Patrick S. Bonhoeffer for the Missional Church: An Exposition and Critique of the Missional Church Movement’s Ecclesiology in Light of the Ecclesiology of Dietrich Bonhoeffer. Unpublished Th.M. Thesis. Vancouver: Regent College, 2004.
    • ––––––. “Bonhoeffer’s Anti-Logos and its Challenge to Oppression.” Crux 41, no. 2 (2005) 2–9
    • ––––––. “John Wesley in Conversation with the Emerging Church.” Asbury Journal 63 (2008) 75–93.
    • Frost, Michael. Exiles: Living Missionally in a Post-Christendom Culture. Peabody: Hendrickson, 2006.
    • Green, Clifford J. Bonhoeffer: A Theology of Sociality. Grand Rapids: Eerdmans, 1999.
    • Guder, Darrell L. Be My Witnesses: The Church’s Mission, Message, and Messengers. Grand Rapids: Eerdmans, 1985.
    • Guder, Darrell L., ed. Missional Church: A Vision for the Sending of the Church in North America. Grand Rapids: Eerdmans, 1998.
    • ––––––. “Missional Theology for a Missionary Church.” Journal for Preachers 22, no. 1 (1998) 3–11.
    • Harvey, Barry. Can These Bones Live? A Catholic Baptist Engagement with Ecclesiology, Hermeneutics, and Social Theory. Grand Rapids: Brazos, 2008.
    • Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. The Philosophy of History. Translated by J. Sibree. New York: Dover Publications and Toronto: General Publishing Company, 1956.
    • Kemp, Walter H. “The Polyphonous Christian Community of Dietrich Bonhoeffer.” LQ 28, no. 1 (1976) 6–20.
    • Mathews, John W. “Responsible Sharing of the Mystery of Christian Faith: Disciplina Arcani in the Life and Theology of Dietrich Bonhoeffer.” Dialog 25, no. 1 (1986): 19–25.
    • Newbigin, Leslie. Foolishness to the Greeks: The Gospel and Western Culture. Grand Rapids: Eerdmans, 1986.
    • ––––––. The Gospel in a Pluralist Society. Grand Rapids: Eerdmans and Geneva: WCC Publications, 1989.
    • Ogletree, Thomas W. “The Church’s Mission to the World in the Theology of Dietrich Bonhoeffer.” Encounter 25 (1964) 457– 69.
    • Palmer, Russell W. “The Christology of Dietrich Bonhoeffer.” EvQ 49 (1977) 132–40.
    • Pangritz, Andreas. “Who is Jesus Christ, for us, today?” In The Cambridge Companion to Dietrich Bonhoeffer, 134–53. Cambridge: Cambridge University Press, 1999.
    • Roberts, Oral and G. H. Montgomery. God’s Formula for Success and Prosperity. Tulsa: Oral Roberts, 1956.
    • Rochelle, Jay C. “Mystery and Relationship as Keys to the Church’s Response to Secularism.” Currents in Theology and Mission 19 (1992) 267–76.
    • Stackhouse, John G., Jr., Making the Best of It: Following Christ in the Real World. Oxford: Oxford University Press, 2008.
    • Tödt, Heinz Eduard. Authentic Faith: Bonhoeffer’s Theological Ethics in Context. Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2007.
    • Wesson, Anthony. “The Impact of Bonhoeffer on the Present Crisis in Theology.” Church Quarterly 2 (1970) 284–92.
    • Woelfel, James W. “Bonhoeffer’s Portrait of the Religionless Christian.” Encounter 28 (1967) 340–67.
    • Zerner, Ruth. “Dietrich Bonhoeffer’s American Experiences: People, Letters, and Papers from Union Seminary.” USQR 31 (1976) 261–82