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jueves, 9 de junio de 2016

Federico Pagura (9/2/1923-6/6/2016)



Dedico esta entrada a quien falleciera recientemente, el obispo metodista Federico Pagura, de Argentina. Reconocido en el trabajo ecuménico a favor de los Derechos Humanos.

Más abajo les dejo con la hermosa canción que le debemos "Tenemos Esperanza", y también los dejo con unas bonitas palabras de Pagura respecto a la muerte.

"No tengo miedo a la muerte
miedo le tengo a la vida
sin sentido
que no se juega por nada
y que alimenta sus horas de egoísmo.
No tengo miedo a la muerte
si ha de ser el alto precio
de una entrega;
miedo le tengo a los años
que se acumulan en vano,
como arena.
No tengo miedo a la muerte,
muerte de rica semilla
que germina;
miedo le tengo al ocaso
de una vida interminable
y vacía.
No tengo miedo a la muerte
cuando se vive por otros
sin justicia;
miedo le tengo al engaño
de un paraíso de goces
y de estulticia.
No tengo miedo a la muerte
porque he aprendido a mirarla
cara a cara
en niños que mueren de hambre,
en mujeres oprimidas
y humilladas.
No tengo miedo a la muerte
porque en estros tristes años
se ha asomado
en los ojos suplicantes
de hombres rudos, con sadismo
torturados.
No tengo miedo a la muerte
porque he escogido el camino de un Viajero,
que por amor a los hombres,
vivió y se dio sin reservas,
todo entero.
No tengo miedo a la muerte
porque si llego a morirme
en mi cruz
alguien me alumbra el sendero
y me abre el pórtico al Reino
de la Luz,
Vamos hermano, crucemos
el valle oscuro y profundo
del temor.
Asidos ya de su mano,
sembrémonos en el mundo
por amor."

Federico Pagura, noviembre de 1975





viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad 2015

Feliz Navidad a todos.

Para mí ha ido muy bien, compartiendo con mi señora, mis papás y mis hermanos. Hoy compartiré con mis suegros y cuñados. Y estamos muy contentos, siendo acompañados silenciosamente por nuestro niño que estamos esperando, que tiene 4 meses ya en el vientre de Lorenna. ¿Qué mejor forma de ver cómo Dios hace vida en medio nuestro?

En este momento, más que una reflexión, quiero compartirles una canción que me gusta mucho y destaca cómo se ha perdido el cristocentrismo. En un medio en que la Navidad suele enfatizar los colores y los regalos desde la perspectiva del consumo, recordemos que el centro es el niño de Belén. El hecho de que Dios se identifica con nosotros y se hace uno de nosotros. De que Dios no es ajeno a nuestros problemas y que toma nuestro lugar, para después dar su vida en la Pascua de Resurrección y darnos nueva vida en Pentecostés. De que se encarna en nuestro mundo para dar esperanza y reunir a toda la creación en la sencillez de un pesebre. De que nos reúne a pesar de los problemas que tengamos. A pesar de la persecución y el exilio, a pesar de las condenas morales, a pesar de la pobreza... todas cosas que sufrió la familia de Jesús en torno a su nacimiento.

Ese encuentro no es algo que se pueda comprar, sino un regalo que podremos aceptar justamente desde la sencillez. Siento que nos falta enfocarnos en eso, si es que queremos darle un sentido bíblico a la celebración. Aún en los tradicionales himnos cristianos... siento que el enfoque no se ha puesto tanto en profundizar la encarnación y la identificación de Dios con nuestros problemas. ¿Estamos rescatando el particular sentido que tiene el nacimiento del Mesías? ¿Cómo rescatarlo? Tarea para la casa, para pensar para los próximos años.

"A mí me cae bien Papa Noél", dice la canción que les quiero dejar. "Pero nos está alejando de la historia de Belén. No es que sea comunista, pero es que la Navidad ocurrió en un establo y no en un centro comercial".

Les dejo, entonces, con Santiago Benavides:


lunes, 5 de octubre de 2015

El dolor de los cristianos en Palestina

Representan tan sólo un 2% de la población en palestina y viven en el lugar en donde habría nacido y crecido su profeta jesús. Los palestinos cristianos, aseguran mantener su fe a pesar de los impedimentos de la ocupación israelí en la zona.

martes, 29 de septiembre de 2015

Un Lugar Llamado Gracia - Santiago Benavides

¡Estoy contento!

Por fin tengo acceso completo al último disco de uno de mis músicos favoritos: Santiago Benavides.

No puedo más que compartirlo y recomendárselo. Aquí va:

domingo, 23 de agosto de 2015

¡Aborda el Tren de la Paz!

Yusuf Islam (Cat Stevens) ha sido hace tiempo uno de mis músicos favoritos.

Cuando estaba recién conociendo al Señor, ya me resonaba con fuerza la hermosa canción PEACE TRAIN. "Oh, Peace Train's sounding louder. Ride on the Peace Train!"... "Oh, el Tren de la Paz está sonando más fuerte. ¡Aborda el Tren de la Paz!"

Sin tener aún un mayor entendimiento de la Biblia, ya esperaba ansioso el reino de Dios, el reino de paz como algo que se hace concreto en la tierra, y me subía a él con alegría, sin necesidad de equipaje ni de pasaje, solo necesitas fe. ¡Suena cada vez más fuerte! ¡Cada vez más cerca! "El reino de los cielos se ha acercado..." (Mt.3:2,4:17,10:7; Mc.1:15; Lc.10:9-11)

En Chile hemos tenido el privilegio de recibir a Yusuf Islam más de una vez. A principios de este año estuvo en el Festival de Viña, presentación de la cual extraje un pedazo y les comparto. Se trata de una parte que me emociona particularmente. Parte cantando un cover de PEOPLE GET READY de "The Impressions", canción en la que se basa ONE LOVE, de Bob Marley, otra canción soplada por el Espíritu Santo. Luego sigue con la fusión de MAYBE THERE'S A WORLD con ALL YOU NEED IS LOVE, de "The Beatles". De las tres canciones hace un solo concepto.

Ese Tren de la Paz nos lleva a un mundo justo que será realidad y concreto gracias al amor. Y el amor es hoy un anticipo de aquel reino de Dios que juzgará y acabará con las naciones y reinos corruptos de hoy.

No sé cómo será que Yusuf entienda el contenido de estas canciones... pues cree en el Islam (reconociendo el valor que tiene el Islam como una religión abrahámica). Tampoco sé cómo tú has de entenderlas. Muchas religiones y filosofías de vida hablan del amor. Pero... ¿qué es el amor? Desde una perspectiva bíblica evangélica, cito 1Juan 4:8-11:
DIOS es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
Jesucristo es el Tren de la Paz, el príncipe de paz. ¡Aborda el Tren de la Paz! ¡Síguele en su lucha pacífica! Jesucristo, el amor, nos dirige a aquel mundo de paz y justicia que anhelamos.

Callaré y les dejo con Cat Stevens subtitulado. Bendiciones.

martes, 10 de febrero de 2015

¿Dónde están Sodoma y Gomorra del ayer? Sus palacios, sus riquezas hoy en día no se ven.

Estimades hermanes.

Me dieron ganas de compartir una canción interpretada por Generación de Jesús, respecto al castigo que cayó sobre Sodoma y Gomorra. Historia que podemos encontrar en Gen.19, destruida por nuestro Señor porque "el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo." (Gen.18:20) ¿Quiénes clamaron contra Sodoma y Gomorra? ¿Por qué? Es fácil deducir que en Sodoma y Gomorra sufrieron opresión los aflijidos y pobres, quienes pidieron a Dios que hiciera justicia. Lo podemos deducir a partir lo que dice el Espíritu a Israel, a través de Ezequiel: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso." (Ez.16:49)

En medio de tantos ricos poderosos, vemos el ejemplo de Lot, que daba su vida por cuidar al extranjero, su huésped... hospitalidad que como país deberíamos imitar ante la llegada de inmigrantes, los cuales suelen ser visto como inferiores a raíz del crecimiento económico de Chile, especialmente por aquellos que acumulan y acumulan, sin pensar en los menesterosos. Después estarán cantando los hijos de Dios sobre nosotros: "¿Dónde está el Chile del ayer? Sus palacios, sus riquezas hoy en día no se ven. Es que Dios sus maldades castigó."

lunes, 15 de diciembre de 2014

18° La Iglesia: huestes de la fe


Siempre tuve repulsión a la idea de ese Dios guerrero y a identificarse con la guerra o con un ejército. Sin embargo, es una imagen muy utilizada, especialmente entre los pentecostales y carismáticos. De todas formas, la imagen de la guerra abunda en la Biblia y no podemos ignorarla. Como veremos, es una imagen muy potente y apasionada de la Biblia, especialmente para aquellos que sufren.

En el Antiguo Testamento se nombra (Versión Reina Valera 1960) 273 veces a "Jehová de los ejércitos" o "Dios de los ejércitos" y en el Nuevo Testamento aparece 2 veces como "Señor de los ejércitos". En su idioma original es "YHVH-Sebaot". "Sebaot" significa literalmente "huestes", refiriéndose especialmente a batallas o servicio. Jehová de Sebaot es el nombre del Señor en su manifestación de poder, como Rey (Sal.24:10) y Señor de la gloria (1Cor.2.8). Eso si, es interesante que el invocar a Dios de esta forma no es propio de los pasajes bélicos como del Pentateuco, ni de Josué ni de Jueces (aunque son pasajes que igual construyen el concepto que se tiene de la Iglesia como ejército). Tal forma de invocar al Señor es usado especialmente por el profeta Jeremías, pero también por profetas como Hageo, Zacarías y Malaquías. Es el título distintivo de Dios en relación con la ayuda y consolación que Él nos da en tiempos de división y fracaso (1Re.18:15, 19:14; Is.1:9, 8:11-14, 9:13-19, 10:24-27, 31:4-5; Hag.2:4; Mal.3:16-17; Stgo 5:4). El salmista invoca a "Jehová de los ejércitos" como protector y pacificador, pues es nuestro escudo (Sal.84) y "hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra[...] quiebra el arco, corta la lanza y quema los carros en el fuego" (Sal.46; Os.2:18). Para mí, hablar de "Jehová de los ejércitos" es hablar de aquél Señor misericordioso que nos protege y está por encima de los poderes y los males de este mundo, sabiendo que mi Dios puede contra todos los ejércitos de este mundo y les pondrá fin con certeza. Como dice en Isaías 2:4: "Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra."

Respecto a entender al pueblo de la fe como un ejército, he de destacar que tampoco se usa en los pasajes bélicos, donde la palabra ejército se usa más bien en su concepto práctico (sin dejar de ser una cuestión bastante simbólica). La única parte del Antiguo Testamento en que se habla del pueblo de Dios, en su conjunto, como ejército o huestes es en Éxodo 6:26; 7:4, 12:17,41,51, en relación a la liberación de la esclavitud. En el Nuevo Testamento no se habla literalmente del "ejército de la fe" o de "huestes de la fe", pero la alusión al conflicto y la lucha es recurrente (lo que también se relaciona al deporte (1Cor.9:24-25; 2Tim.2:5,4:7; Fil.3:14)), y también se presenta la imagen de que los creyentes somos soldados de Cristo. Veamos la siguiente ilustración:
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.(Ef.6:10-20; 2Cor.10:3-5; 1Tes.5:8; Is.59:17)
La idea del Diablo, entendámoslo como un ser en sí mismo o solo como símbolo de la muerte y de nuestro pecado, sirve para entender que nuestro enemigo no son los otros. Nuestro enemigo es el Maligno, nuestro pecado, la incredulidad, la opresión y la injusticia. Ante tales cosas hemos de acudir a la defensa divina, estando firmes en la misión evangélica que da sentido a nuestra vida, esperando que la gracia de Dios enrole cada vez a más soldados. Con su ayuda hemos de proseguir adelante con la proclamación del Evangelio de paz y respondiendo (si es necesario) con el poder del Espíritu Santo, que se manifiesta especialmente con la Palabra de Dios. Nuestra lucha es completamente pacífica, pues no tenemos otra arma que la Palabra de Dios. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zac.4:6). Hemos de responder humildemente enseñando la verdad del Evangelio, con palabras y con entrega mutua, y la Palabra de Dios nos llevará también a la oración, con la que recurrimos a nuestro Rey y con la que nos apoyamos mutuamente, permitiendo que el Espíritu nos una para ir firmes y adelante como un solo equipo, combatiendo unánimes por la fe del Evangelio (Fil.1:27; 1Cor.14:8).

Hemos de recurrir siempre a la oración y a Dios, pues no podemos confiar en nosotros mismos, que constantemente caemos en las diabólicas lógicas de poder de este mundo. Hemos de cuidarnos de nosotros mismos, que no nos aferremos a las seguridades y poderes terrenales, sino que como militantes del Reino nos alejemos de tales cosas (1Tim.6:10-12; 2Tim.2:3-4). En el encuentro de Jesús con el Diablo en el desierto, se puede identificar cómo Cristo condena la tentación del poder económico, del poder religioso y del poder político-militar (Mt.4:1-11; Mr.1.12-13; Lc.4.1-13; Jn.2:18,6:15,26,31). Esto mismo hace sintonía con la imagen apocalíptica de la Bestia y la Gran Ramera de Daniel 7 y Apocalipsis 17. Sin entrar en mayor interpretación, esta Bestia tiene poder sobre los reinos de este mundo, se adorna con metales preciosos, persigue a los santos de Dios y destroza el mundo. El poder de este mundo es lo que caracteriza al mal. Vivimos bajo un orden social lleno de violencia, sometidos a los poderosos y maleantes de hoy o a nuestro propio pecado. Sin embargo, confiamos en que Dios mismo juzgará y acabará con el orden actual, para que empiece el gobierno pleno de Dios en la tierra: el Reino de Dios en la segunda venida de Cristo (Dn.7:13-14, 25-27; Ap.17:14-18; Is.11; Hch.1:9-11; Mt.24:29-51, 26:64; Mr. 13.24-37; Lc.21:25-36; 2Tes.2:3-11).

Por todo esto, hemos de ser como extranjeros en este mundo, como peregrinos que se abstienen de lo mundano que batalla contra el alma (1Pe.2:11; Heb.11:13; 13:14; Stgo.4:1). Existe aquella dicotomía entre el Reino de Dios y el reino del mundo. Entonces... ¿Cómo actuar ante las autoridades civiles, los poderosos y los que gobiernan este mundo? Es muy citado cuando Pablo dice "sométase toda persona a las autoridades superiores" (Rom.13), pero lejos de interpretarlo desde la perspectiva autoritaria, me siento interpelado por la interpretación de Dietrich Bonhoeffer[1]:
El cristiano no debe aspirar a situarse en el mismo plano de los que tienen el poder; su vocación es la de permanecer abajo. Las autoridades están arriba, mientras él se encuentra abajo. El mundo reina, el cristiano sirve; así está en comunión con su Señor, que se hizo esclavo.
Recordemos que Pablo sabía bien qué era ser perseguido por la autoridad (Hch.9:23-30; 13:49-52; 14:1-6, 19-20; 16:16-37; 17:1-14; 18:1-6; 19:21-39; 21:1-23; 22:30-23:11; 25:1-12; 25:23-26:32) y recordemos que "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch.4:19, 5:29). Si leemos con cuidado el pasaje de Rom.13, notaremos que su fin no es justificar a los poderosos, sino que insistir en que Cristo es el único Señor del ser humano y que no hemos de adjudicarnos señorío enfrentándonos a la autoridad, sino que hemos de vestir las armas de la luz (v.12), que es el amor al prójimo, el cumplimiento de la ley del Reino. Ley con la que nos gozamos en la persecusión (Mt.5:1-11) y con la que damos la otra mejilla (Mt.5:38-42). Insisto en que el enemigo no es el otro, sino que hemos de cuidarnos nosotros de no caer en las lógicas del Maligno. Ante la dureza de las autoridades, hemos de saber que nosotros debemos ser distintos (Mc.10:42-45) y hemos de orar por ellas (Mt.5:44; 1Tim.2:1-2), pidiendo a Dios que las utilice para hacer su voluntad. Con todo, una comunidad o sociedad siempre necesitará gente que la dirija o tener ciertos roles de autoridad o responsabilidad. No existe responsabilidad sin autoridad. Toda comunidad necesita cierto orden para que podamos luchar juntos, avanzar juntos. Así mismo, todos tenemos autoridad sobre otros en algún momento de nuestra vida, sea en menor o mayor grado. Rom.13 apunta a que tal autoridad no es propia, sino que se la debemos a Dios y debemos usarla en pos del bien común, sirviendo siempre al Señor y al prójimo.

Me encantaría profundizar también respecto a la riqueza y la pobreza, sabiendo que el ser soldados de Cristo es militar por la austeridad y por los pobres (1Tim.6:3-19, 2Tim.2:1-13; 1Cor.9:7; Heb.10:32-34; 1Jn.2:14-17), y que no podemos servirle a dos señores (Mt.6:24; Lc.16:13). Sin embargo, es un tema amplio y que se escapa de esta serie de entradas.

El tema del poder y la autoridad es complejo, sabiendo que el concepto de la Iglesia como ejército puede llevarnos tanto al rechazo de la autoridad y sociedad corruptas, así como a cooperar con las autoridades y el resto de la sociedad en la construcción de un mundo mejor. ¡Qué gran tensión tenemos en nuestra vida! ¿Es completamente malo el mundo en el que estamos? Para nada, pues lo creado por Dios es bueno (Gen.1:10,12,18,21,25,31) y hemos de amar al mundo, así como Dios ama al mundo (Jn.3:16). Si decimos que la Palabra se hizo carne, es porque Dios no menosprecia este mundo ni lo material, sino que vive en su creación (de la cual somos parte) y la santifica, como también tratamos en las entradas 15° y 16°. Lo negativo de la palabra "mundo" hace alusión a las lógicas de poder de este mundo (sometido por nuestro pecado), que son completamente opuestas al poder no violento que el Espíritu Santo nos enseña. Vemos cómo los judíos esperaban que el Mesías fuera un libertador que le hiciera guerra al imperio y reinara en su lugar, pero Jesús dice: "mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado" (Jn.18:36; Mt.22:21; Mr.12:17; Lc.20:25). En la entrega de Cristo vemos de forma sublime el carácter de la guerra que luchamos, en la que hemos de vencer el mal con el bien (Rom.12:21; 1Tes.5:15; 1Pe.3:9) y en la que los postreros serán los primeros (Mt.19:30,20:16; Mc.10:31; Lc.13:30). En esto vemos lo que Francisco de Asís[2] llamaba "lo kenótico", que es hacerse el menor, lo que Jesucristo hizo al encarnarse y nacer en un establo, al servir a los excluidos y especialmente en su muerte en la cruz. En la oración intercesora de Cristo en Jn.17, Él ora especialmente por esta tensión. Así como Él, no pertenecemos a este mundo, pero de ninguna forma nos debemos abstraer del mundo, pues Cristo nos ha enviado a éste (v.14-18). Cristo pide al Padre que nos proteja del Maligno que asola este mundo, y por lo mismo debemos estar unidos (v.21). Es aquí donde hemos de aferrarnos a Cristo, nuestra verdad, confiados en que su oración ha sido escuchada y que va delante nuestro en la batalla con todo su ejército celestial. Tengámosle a Él como estandarte, bandera o pendón y avancemos con confianza (Sal.20:5; Is.11:10-12, 62:10). No debemos temerle a esta batalla ni debemos temerle al mundo ni refugiarnos de él, pues Cristo ha vencido al mundo (Jn.16:33). ¡Aleluya! Como dice aquél grito de júbilo: "¿Quién vive? ¡Cristo! Y a su nombre: ¡Gloria! Y a su Iglesia: ¡Victoria!".

Para concluir, debo decir que es tentador usar estos conceptos para pelearnos entre nosotros, abogando por lo que uno considera bueno, negando que el otro sea cristiano si no calza con nuestra moral o nuestro ideal. Pero he de insistir que la fe no se basa en una moral ni en ideas[3], y que todos los que confesamos a Cristo somos parte de un mismo equipo, un mismo partido, un mismo ejército unido por una misma misión, siguiendo a un mismo Señor. Los cristianos no podemos ser fieles a nuestra lucha si nos peleamos entre nosotros, pues todo reino divido será asolado (Lc.11:17). Al compararnos con un ejército, hemos de entender que nuestra misión requiere de cierta disciplina, que nos entrenemos constantemente en la lectura y oración comunitaria, y que hemos de dar nuestra vida por el Evangelio, dispuestos a morir por la causa (2Tim.2:11-12)[4]. Vayamos adelante con valor, sabiendo que Cristo, al resucitar, ya venció a la muerte y con ella al pecado y al Maligno (Rom.6:9-11). Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom.8:31; Sal.27:1; Mt.16:18)

Les dejo, entonces, con tres canciones muy buenas respecto al tema. Bendiciones.

Firmes y adelante, huestes de la fe

Castillo fuerte es nuestro Dios

Yo soy un militante


[1]El Precio de la Gracia: El seguimiento, Dietrich Bonhoeffer. Ediciones Sígueme, sección "iglesia visible", pág. 194. DESCARGAR.
[2]Francisco de Asís, a quien le debemos esa hermosa oración: "Hazme un instrumento de tu paz".
[3]Nuestra fe se basa únicamente en una persona, que es Cristo, y en seguir su ejemplo.
[4]Idea que viven todos aquellos que son perseguidos por su fe, y que también encarnan los Equipos Cristianos de Acción por la Paz (http://cpt.org/), motivados por la siguiente pregunta: “¿Qué pasaría si los cristianos dedicaran la misma devoción y disciplina en sus acciones por la paz que los ejércitos dedican en sus acciones bélicas?” Recomiendo revisar el material que tienen del pacifismo en relación a la Biblia: http://cpt.org/es/resources/training/bibical_nonviolence

viernes, 1 de agosto de 2014

14° La Iglesia: obreros y mayordomos del Señor


Aquí quiero profundizar en algo ya mencionado en la entrada anterior, en que hablamos de la Iglesia en términos agrícolas. Hice referencia a pasajes donde la Iglesia es un campo de trigo o una viña, pero al mismo tiempo se habla de la Iglesia como labradora u obrera de este campo o viña, así como otros oficios. El concepto de hijo de Dios como obrero tiene mucha relación a lo tratado en la entrada 8°, en la que decía que conforme a la misión evangélica hemos de reconocer a Cristo como Señor y Maestro. O sea, que somos sus siervos y discípulos y trabajamos en su misión. En la entrada 9° se habla de la Iglesia como ministros y embajadores de Cristo y en la 12° se hace alusión a los pastores. Todas ideas muy relacionadas a este tema, pues el concepto de obrero se relaciona especialmente con el ministerio ordenado, aunque todo cristiano ha de sentirse como obrero de su Señor y ha de trabajar en su viña, sea en lo religioso o en lo civil. También aprovecharé de presentar al cristiano como un mayordomo responsable, que siendo algo distinto sigue estando bastante relacionado. Finalmente destacaré la parábola de los obreros de la viña, porque me gusta mucho. Finalmente destacaré la parábola de los obreros de la viña, porque me gusta mucho.

Leamos 1Cor.3, que dice:
Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
(1Cor.3:4-11)
Ante la actitud sectaria dentro de la comunidad de Corinto, en que los cristianos se dividían conforme a cuál apóstol o misionero se apegaban, Pablo usa la imagen del obrero del campo y de la construcción para dar a entender que el único Señor es Dios, y que es Su Palabra la que actúa, y todos hemos de labrar juntos, crecer y sobreedificar en base a Cristo. Y en 2Tim.2 exhorta a ser un obrero aprobado, diciendo: "el labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero" (v.6), "procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (v.15) y "porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido" (v.24). ¡No seamos como los obreros malvados (Mc.12:1-12; Lc.20:9-19)!

Aprovechando todavía el lenguaje agrícola, podemos hacer referencia a la parábola de los talentos (Mt.25:14-30; Lc.19:11-27), según la cual hemos de rendir cuentas al Señor de lo diligentes que hemos sido, cada uno por su cuenta (Rom.14:4). El Señor le responde al siervo diligente: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mt.25:21). En cambio, había uno negligente que no se arriesgó ni trabajó los talentos o dinero dados por Él: "porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces [El Señor] le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré" (Lc:19:21-22). Esta parábola es la principal para hablar de la mayordomía, que se basa principalmente en el hecho de que todo le pertenece a Dios y nosotros no somos dueños de nada. He ahí la gran ofensa del negligente, que no quería que el Señor tomara lo que efectivamente era suyo ni que segara lo que efectivamente sembró. El trabajo y la mayordomía son características de la especie humana, viéndose en Gen.2:7-8; 1:26-30 que Dios nos creó para trabajar, administrar y cuidar de su creación, para hacernos responsables de su creación sabiendo que somos parte de ella, siendo todos parte de un todo, y que la creación no es nuestra, sino que de Él y para todos. La Ley de Moisés también se preocupa por el descanso de la tierra y los animales (Lev 25:2-7; Ex 23:10-13; Ex.20:8-11; Dt.5:12-15), dejando claro que los males de la tierra son por culpa del pecado humano (Gen.3:17-19; Os.4:1-3; Jer.14:1-6; Is.24:5-6) y que en general tenemos una conexión especial con la creación entera, que será completamente restaurada por Dios (Gen.2:7; 4:10; Rom.8:19; Ap.21:1).

La parábola de los talentos está antecedida en Lucas por el encuentro de Jesús con Zaqueo, cobrador de impuestos corrupto que se arrepiente y da sus bienes a los pobres (Lc.19:1-10), y en Mateo la parábola de los talentos está junto a la de las diez vírgenes (Mt.25:1-3), que también plantea nuestra responsabilidad ante el tiempo y bienes limitados, terminando el capítulo con el juicio de las naciones (Mt.25:31-46), señalando que el gran principio que ha de regir la administración en general es la justicia para con los necesitados.

En fin, la mayordomía es administrar con justicia y se aplica tanto a lo económico como a lo ecológico y al tiempo, a nuestros dones y a todo lo que esté bajo nuestro control, sabiendo que todo aquello pertenece realmente al Señor, que al final nos pedirá cuentas.[1]

Habiendo presentado el concepto de mayordomía, vuelvo al fin a aquella preciosa parábola, que dije que me gustaba tanto:
Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
(Mt.20:1–16)
El Reino de los Cielos no se rige como nuestros reinos, y el Evangelio siempre trastoca nuestras expectativas. En esta parábola se destaca nuevamente el señorío de El Señor, pero se destaca principalmente su justicia. Hemos de tener claro que la dádiva de Dios es gracia suya, y nos la regala sin ningún mérito nuestro. Así como en la vida de los primeros cristianos (Hch.2:45,4:35), vemos una justicia que no se basa en el mérito, sino que en la necesidad. Nuestra necesidad existencial es la comunión con nuestro Padre y nuestros hermanos, y recibimos su Santo Espíritu de vida. Al vivir conforme a aquel Espíritu, obrando bien, no debemos sentir que merecemos algo más, sino que hemos de decir: "lo que debíamos hacer, hicimos" (Lc.17:7-10). Por otra parte, el patrón va constantemente a buscar más y más obreros, preocupado de que no estén desocupados y sin sustento, pues en su viña hay más lugar. Recordamos igual cuando Jesús dijo a sus discípulos: "a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mt.9:37-38; Lc.10:2; Jn.4:35-38).

Así, cuando el Señor se dirija a nosotros, cuando escuchemos su Palabra, respondamos con júbilo: ¡Anhelo trabajar por el Señor... y el que quiera trabajar, hallará también lugar, en la viña del Señor!



[1] Otros pasajes relacionados a la mayordomía: Lc.12:13-48, Lc.16; 1Cor.4:2; Pr.3:9; 2Cor.8:1-8

domingo, 6 de mayo de 2012

Laudate Dominum

Alaben al Señor todos los pueblos. Alaben al Señor.

lunes, 2 de abril de 2012

Cuestión de fe

En la entrada anterior hablaba de lo esencial que es el compromiso político-social de la Iglesia, y también de los dilemas y consecuencias negativas de éste.

Completamente relacionado al tema está el documental que les comparto ahora (Tanto en castellano como en alemán). Se basa en la visita del pastor luterano Axel Becker a Chile, en la cual recuerda el compromiso que tuvo su difunto amigo, el obispo Helmut Frenz, con los derechos humanos en tiempo de dictadura. Compromiso que encarnó el Evangelio de Cristo, pero que al mismo tiempo dividió a la Iglesia Luterana, así como aquella época ha dividido a nuestro país.


ESPAÑOL:


DEUTSCH:

domingo, 1 de enero de 2012

Canciones de Taizé

Simplemente me encantan. Oraciones que Dios pone en nuestro corazón. Pongo unas cuantas que me gustan mucho, pero en youtube pueden encontrar muchas más.











sábado, 10 de diciembre de 2011

Solo le pido a Dios...

Que cosas estamos pidiendo en oración? Si oramos, pedimos generalmente por nuestros propios intereses, sea recibir una buena nota, tener suerte con la polola, éxito en nuestros proyectos, o tal vez qué estupidez ahora que se acerca navidad. Lo cual no está realmente malo, pues está escrito: "Descarguen en él todas sus angustias, porque él tiene cuidado de ustedes" (1°Pedro 5:7). A mi en lo personal me gusta mucho lo que se dice en el Sermón del Monte acerca de la oración (Mateo 6:5-14), por lo que muchas veces me pregunto: oramos como se debe? por la razón que se debe? pedimos lo que necesitamos?

Pienso en este momento en la guerra y en quienes sufren. Hasta hoy permanecen muchas heridas y divisiones por guerras como la del Pacífico, la del Chaco, la de las Malvinas, por las gerrillas comunistas, las dictaduras, las guerras mundiales o la de Vietnam. Pidamos hoy por el fin de la narcoguerrilla; pidamos por Irak, de donde por fin se retirarán las tropas estadounidenses terminando este año; pidamos por la situación de revolución y crisis en medio oriente y áfrica; pidamos por la situación de Corea y por los cristianos que ahí son perseguidos; pidamos por el conflicto entre Palestina e Israel; pidamos por el Tíbet... Y no se trata de solo decir "haz algo Señor", sino que pidamos como lo hizo Franscisco de Asís: "hazme un instrumento de tu PAZ" (Mateo 5:9). Las armas no son la solución, sino el Evangelio y el Amor.