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domingo, 4 de octubre de 2015

Material sobre Eco-Justicia

El tema de la Eco-Justicia es esencial en mi comprensión del reino de Dios y de nuestra misión integral. Pero veo que he publicado muy poco al respecto... así que aquí compartiré una buena cantidad de material.

Primero, compartirles una presentación que preparé para un taller teológico sobre eco-justicia, preparado principalmente sobre un libro guía de la pastoral juvenil de la Federación Luterana Mundial. Lo recomiendo enormemente, pues contiene formas muy dinámicas para tratar el tema en grupo: http://lwfyouth.org/wp-content/uploads/2012/05/LWF_Guidebook_2012-ES-WEB.pdf.

Mi presentación presenta lo principal de la guía, desde una perspectiva propia, e incluye enlaces al final para leer libros de teología relacionados a la creación y su cuidado:

El taller fue parte de un lindo campamento que organizamos como pastoral juvenil de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile, en enero de 2014. Pueden ver un pequeño resumen y fotos en el facebook de la pastoral: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.785588941454541.1073741831.747234218623347&type=3

También recomiendo el material que comparte el Consejo Mundial de Iglesias. Aquí tienen: https://www.oikoumene.org/es/nuestra-labor/el-cuidado-de-la-creacion-y-la-justicia-climatica/tiempo-para-la-creacion

¡Suerte con la lectura, los talleres, cultos y manifestaciones públicas!
Bendiciones.

Creación - No Se Vende


Aquí un folleto muy bueno que lamentablemente está solo en Inglés. Les traduzco la introducción y comparto el enlace para descargarlo:
Este folleto es parte de una pequeña colección publicada por la Federación Luterana Mundial para la ocasión del 500º aniversario de la Reforma, en 2017. "Creación - No Se Vende" es uno de los tres sub-lemas del lema principal del aniversario: "Liberados por la Gracia de Dios". Los ensayos populares en este folleto fueron escritos por autores de todas las regiones de la Federación Luterana Mundial. También está presente la voz ecuménica, representada por un teólogo ortodoxo griego. 
A la luz de la actual explotación masiva de los recursos naturales, es crucial que seamos atentos respecto a la creación de Dios. En Génesis podemos leer que Dios consideró "buena" su creación y confió su cuidado al humano. Generalmente se ha abusado de la noción de "dominio" en Génesis 1:26 y se ha echo vista gorda al hecho de que Dios declara que toda la creación es "buena", independiente de su utilidad para el humano. La relación renovada entre Dios y la humanidad también tiene implicancias en cómo las personas se relacionan con el resto de la creación, pues la creación pertenece primeramente a Dios y solo es confiada en nuestras manos. Los ensayos en este folleto exploran diferentes aspectos del tema "Creación - No Se Vende", abarcando temas tan variados como la ingeniería genética, así como levantar la pregunta "a quién pertenecemos" en vez de "quiénes somos" respecto a las cuestiones de cambio climático y justicia climática, el acaparamiento de tierras, etc. La lista de tópicos está lejos de ser exhaustiva. Sin embargo, espera ofrecer impulsos iniciales para discusiones teológicamente informadas respecto a la comprensión de que somos criaturas de Dios y respecto a la creación en su integridad.

sábado, 3 de octubre de 2015

El reino de paz según Isaías 11:6-8

El Reino de Dios es un reino de paz y comunión entre todos los animales. Igual que al principio (Gen.1:29-30), los animales no nos comeremos los unos a los otros. Tendremos un mismo alimento.

Isaías 11:6-8:
6 Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.
7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.
8 Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.
Isaías 65:25:
25 El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.


lunes, 17 de agosto de 2015

Laudato Si' (LS, 139)

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental.”

17 AGOSTO, 2015 DE COALICIONECUMENICA
Fuente: https://coalicionecumenica.wordpress.com/2015/08/17/no-hay-dos-crisis-separadas-una-ambiental-y-otra-social-sino-una-sola-y-compleja-crisis-socioambiental/

lunes, 15 de junio de 2015

¡Libertad!

Hola a todes.

Hace un mes escribí una entrada titulada ¿Libertad?. Abrí la pregunta de qué es la libertad, apuntando a mi propio contexto cultural-religioso. No quise profundizar mucho. Me limité a criticar el vacío que muchas veces tiene ese potente concepto, relacionándose generalmente al concepto de "independencia". Terminé la corta reflexión apuntando a que como iglesia centrada en la independencia, terminamos más como un simple grupo de amigos, club u ONG que como una comunidad o familia cristiana. Acá quiero profundizar un poquito más acerca del sentido de la libertad, tratando de mantener la misma simpleza y brevedad.

Mi hermano Josaphat Jarpa me había invitado a profundizar la cuestión y me vino la inspiración camino a mi casa. Estaba a punto de subir al puente Llacolén hacia San Pedro de la Paz, y podía ver en el cielo un par de pájaros volando, aleteando con sus preciosas alas sobre el río Bío-Bio... libres.

En el aire las aves parecieran estar viviendo la plenitud de su existencia, abriendo sus alas y usando todo su potencial, para lo que fueron hechas. Qué pena da cuando están en una jaula o en un espacio reducido, con las alas cerradas o pudiendo dar a penas unas pequeñas aleteadas, enfermándose finalmente por el confinamiento.

Entonces... ¿qué es libertad? ¿Cuáles son nuestras alas? ¿Cuál es nuestro potencial, para el cual fuimos hechos? ¿Cuál(es) podría(n) ser nuestra(s) jaula(s)?

Me gusta responder esto partiendo por los primeros capítulos de Génesis. Primeramente, fuimos hechos para ser imagen de Dios (Gen.1:26-27; 9:6). Esto se refleja en la comunión plena con todo el resto de la creación, la cuál nos puso a administrar, a cuidar, a labrar... (Gen.1:26-28, 2:5,15). "No es bueno que el humano esté solo"... por lo que nos creó junto a todo tipo de seres con los cuáles hemos de compartir, con tal cercanía que les hemos puesto nombre (Gen.18-19). Así mismo, se muestra la fuerte unión en la pareja: "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gen.2:23). En toda nuestra diversidad, estamos unidos como humanos y como creación de Dios. Somos uno. Somos comunidad, así como Dios es comunidad. Que Dios sea comunidad, unidad en la diversidad, se ve con fuerza en la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Jn.17:21-23), pero también en el mismo libro del Génesis y el Antiguo Testamento en general... cuestión que espero profundizar en otro momento.

La libertad es tema justamente porque la humanidad ha resignado de tal propósito, tratando de ser luz por cuenta propia. Ya no ser imagen de Dios, sino que ser como Dios a partir de nuestra propia consciencia, nuestra propia razón y nuestra propia moral, a raíz de la desconfianza hacia Dios y conllevando la recriminación mutua (Gen.3:1-15; 2Tes.2:3-4). De esa forma nos estamos negando a extender nuestras alas y a volar. Nos hemos encerrado en nuestras jaulas de independencia y egoísmo... y ya estamos enfermos. ¿Cómo vamos a ser imagen de Dios si renegamos de Dios? ¿Cómo vamos a estar en comunión entre nosotros si no somos reflejo de Aquél que es amor y unidad? ¡Basta con vernos para notar que no podemos! Nos esclavizamos y oprimimos mutuamente, llenos de corrupción y violencia, matándonos a nosotros mismos y a lo que nos rodea, aún cuando intentamos hacer "lo bueno". Y es que el pecado no es otra cosa que esto... errar en el propósito, poner murallas entre Dios y nosotros, violentando finalmente contra el prójimo y la creación toda.

He aquí que mi libertad es Cristo, verdadera imagen de Dios, en quien Dios se ha reconciliado con nosotros (Col.1:15-23). Me gozo en saber que a pesar de todo viene a nuestro encuentro y que ha quitado las barreras de separación (Ef.2:14). Me gozo en saber que nos invita a imitarle y a ser, como familia cristiana, reflejo de su luz. Que nos invita a cuidarnos mutuamente y a trabajar por el Reino de Dios. ¡Libertad! Yo vuelo, abro mis alas y aleteo en Cristo. Nada más ni nada menos que en Cristo, en su luz, en su amor, en sus heridas, en su justicia, en su discipulado, en su comunidad, en su cuerpo... Libertad.

viernes, 1 de agosto de 2014

14° La Iglesia: obreros y mayordomos del Señor


Aquí quiero profundizar en algo ya mencionado en la entrada anterior, en que hablamos de la Iglesia en términos agrícolas. Hice referencia a pasajes donde la Iglesia es un campo de trigo o una viña, pero al mismo tiempo se habla de la Iglesia como labradora u obrera de este campo o viña, así como otros oficios. El concepto de hijo de Dios como obrero tiene mucha relación a lo tratado en la entrada 8°, en la que decía que conforme a la misión evangélica hemos de reconocer a Cristo como Señor y Maestro. O sea, que somos sus siervos y discípulos y trabajamos en su misión. En la entrada 9° se habla de la Iglesia como ministros y embajadores de Cristo y en la 12° se hace alusión a los pastores. Todas ideas muy relacionadas a este tema, pues el concepto de obrero se relaciona especialmente con el ministerio ordenado, aunque todo cristiano ha de sentirse como obrero de su Señor y ha de trabajar en su viña, sea en lo religioso o en lo civil. También aprovecharé de presentar al cristiano como un mayordomo responsable, que siendo algo distinto sigue estando bastante relacionado. Finalmente destacaré la parábola de los obreros de la viña, porque me gusta mucho. Finalmente destacaré la parábola de los obreros de la viña, porque me gusta mucho.

Leamos 1Cor.3, que dice:
Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
(1Cor.3:4-11)
Ante la actitud sectaria dentro de la comunidad de Corinto, en que los cristianos se dividían conforme a cuál apóstol o misionero se apegaban, Pablo usa la imagen del obrero del campo y de la construcción para dar a entender que el único Señor es Dios, y que es Su Palabra la que actúa, y todos hemos de labrar juntos, crecer y sobreedificar en base a Cristo. Y en 2Tim.2 exhorta a ser un obrero aprobado, diciendo: "el labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero" (v.6), "procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (v.15) y "porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido" (v.24). ¡No seamos como los obreros malvados (Mc.12:1-12; Lc.20:9-19)!

Aprovechando todavía el lenguaje agrícola, podemos hacer referencia a la parábola de los talentos (Mt.25:14-30; Lc.19:11-27), según la cual hemos de rendir cuentas al Señor de lo diligentes que hemos sido, cada uno por su cuenta (Rom.14:4). El Señor le responde al siervo diligente: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mt.25:21). En cambio, había uno negligente que no se arriesgó ni trabajó los talentos o dinero dados por Él: "porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces [El Señor] le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré" (Lc:19:21-22). Esta parábola es la principal para hablar de la mayordomía, que se basa principalmente en el hecho de que todo le pertenece a Dios y nosotros no somos dueños de nada. He ahí la gran ofensa del negligente, que no quería que el Señor tomara lo que efectivamente era suyo ni que segara lo que efectivamente sembró. El trabajo y la mayordomía son características de la especie humana, viéndose en Gen.2:7-8; 1:26-30 que Dios nos creó para trabajar, administrar y cuidar de su creación, para hacernos responsables de su creación sabiendo que somos parte de ella, siendo todos parte de un todo, y que la creación no es nuestra, sino que de Él y para todos. La Ley de Moisés también se preocupa por el descanso de la tierra y los animales (Lev 25:2-7; Ex 23:10-13; Ex.20:8-11; Dt.5:12-15), dejando claro que los males de la tierra son por culpa del pecado humano (Gen.3:17-19; Os.4:1-3; Jer.14:1-6; Is.24:5-6) y que en general tenemos una conexión especial con la creación entera, que será completamente restaurada por Dios (Gen.2:7; 4:10; Rom.8:19; Ap.21:1).

La parábola de los talentos está antecedida en Lucas por el encuentro de Jesús con Zaqueo, cobrador de impuestos corrupto que se arrepiente y da sus bienes a los pobres (Lc.19:1-10), y en Mateo la parábola de los talentos está junto a la de las diez vírgenes (Mt.25:1-3), que también plantea nuestra responsabilidad ante el tiempo y bienes limitados, terminando el capítulo con el juicio de las naciones (Mt.25:31-46), señalando que el gran principio que ha de regir la administración en general es la justicia para con los necesitados.

En fin, la mayordomía es administrar con justicia y se aplica tanto a lo económico como a lo ecológico y al tiempo, a nuestros dones y a todo lo que esté bajo nuestro control, sabiendo que todo aquello pertenece realmente al Señor, que al final nos pedirá cuentas.[1]

Habiendo presentado el concepto de mayordomía, vuelvo al fin a aquella preciosa parábola, que dije que me gustaba tanto:
Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
(Mt.20:1–16)
El Reino de los Cielos no se rige como nuestros reinos, y el Evangelio siempre trastoca nuestras expectativas. En esta parábola se destaca nuevamente el señorío de El Señor, pero se destaca principalmente su justicia. Hemos de tener claro que la dádiva de Dios es gracia suya, y nos la regala sin ningún mérito nuestro. Así como en la vida de los primeros cristianos (Hch.2:45,4:35), vemos una justicia que no se basa en el mérito, sino que en la necesidad. Nuestra necesidad existencial es la comunión con nuestro Padre y nuestros hermanos, y recibimos su Santo Espíritu de vida. Al vivir conforme a aquel Espíritu, obrando bien, no debemos sentir que merecemos algo más, sino que hemos de decir: "lo que debíamos hacer, hicimos" (Lc.17:7-10). Por otra parte, el patrón va constantemente a buscar más y más obreros, preocupado de que no estén desocupados y sin sustento, pues en su viña hay más lugar. Recordamos igual cuando Jesús dijo a sus discípulos: "a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mt.9:37-38; Lc.10:2; Jn.4:35-38).

Así, cuando el Señor se dirija a nosotros, cuando escuchemos su Palabra, respondamos con júbilo: ¡Anhelo trabajar por el Señor... y el que quiera trabajar, hallará también lugar, en la viña del Señor!



[1] Otros pasajes relacionados a la mayordomía: Lc.12:13-48, Lc.16; 1Cor.4:2; Pr.3:9; 2Cor.8:1-8

13° La Iglesia: campo, trigo y viña del Señor

Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano.
(Oseas 14:7)
Así como la ganadería, la agricultura también era un pilar fundamental de la economía y cultura del Israel bíblico. Se usan términos de la agricultura para explicar muchas cosas, entre ellas la Iglesia. Sin embargo, las referencias a la Iglesia en términos agrícolas son mucho menos coherentes y muchas más que las referencias en términos ganaderos que, como vimos en la entrada anterior, calzan todas con la profecía en Ezequiel 34. Los término agrícolas se usan, más que para hablar de la Iglesia misma, para profecías y parábolas relacionadas a la segunda venida de Cristo y al Reino de los Cielos, que suelen estar fuertemente ligadas al calendario luni-solar de los hebreos, marcado por las fiestas agrícolas. Por todas estas cosas es que no podré abarcar el tema en su totalidad, intentado señalar resumidamente la mayor cantidad de ilustraciones, rescatando lo esencial en el espíritu de esta serie.

Las 7 fiestas anuales (Dt.16:1-17; Ex.23:14-17, 34:18-24; Lev.23; Nm.28:16-29:40) se separaban en dos épocas:
  • época de siega: fiesta de Pascua, Panes sin levadura, Gavilla mecida de las primicias y Pentecostés
  • época de cosecha: fiestas de Trompetas, Día del perdón y fiesta de los Tabernáculos.
Ya sabemos que las fiestas de la siega calzan con los eventos de la muerte y resurrección de Cristo, y con la promesa del Espíritu Santo. Sucesos del libro de Apocalipsis y de varios profetas del Antiguo Testamento se estructuran en relación a este ciclo, haciendo eco con varios pasajes de los evangelios. Por ejemplo, cuando se habla de “gran tribulación”, se entendía como “gran trilla”. Trillar no es otra cosa sino triturar en el suelo las gavillas del trigo o cebada para separar el grano de la paja, y en latín se decía tribulare, palabra de la cual proviene “tribulación”. Hoy todos estos pasajes nos son complejos, pero habrá sido muy simple para la gente humilde y de campo a la cual se dirigían (Lc.12:56, 21:29-30; Mt.16:2-3; Stgo.5:7), quienes dependían de la tierra y del clima, viviendo aquella profunda conexión con la creación (Gen.2:7). Me gustaría aprender más acerca de aquella cultura agrícola hebrea, para entender más aquellos pasajes.

Todavía haciendo referencia a las fiestas agrícolas, se dice que luego de Pascua y la muerte de Cristo, su resurrección coincide con la gavilla de primicias (primer cereal que se segaba, generalmente cebada y después venía el trigo), lo que hace alusión a su primogenitura y que nosotros también resucitaremos. Se habla igual del Espíritu Santo como primicias de lo que ha de venir y que hemos de ser primicias de la creación (1Cor.15:20-23; Rom.8:22-23,11:16; Stgo.1:18).

Por lo general, en casi todas estas ilustraciones, se relaciona a la Iglesia con el campo de trigo. Eso se ve con claridad en la parábola del trigo y la cizaña (Mt.13.24-30,36-43). Dios planta el trigo (sus hijos), pero entremedio aparece la cizaña, la hierba mala, “y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Aquí vemos que en el mundo convivimos crédulos e incrédulos, pero que será el Padre que en su tiempo juzgue. Así mismo, esta parábola da pie a la idea luterana (herencia agustiniana) del corpus permixtum, en que la comunidad cristiana, la iglesia visible, tienen tanto cristianos verdaderos como aparentes. Pero no hemos de distinguir nosotros ni hemos de juzgar, sino que hemos de ser pacientes (Stgo.5:7) y entregados con todos, para que seamos como nuestro Padre “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mt.5:45).

Respecto al trigo, también recordamos que Jesús dice a sus discípulos: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn.12:24-25; Mt.16:24-25; Lc.14:26-27). Y de forma similar habla la parábola del sembrador (Mt.13:1-9, 18-23; Mr.4.1-9,13-20; Lc.8.4-8,11-15), según la cual hemos de escuchar efectivamente la Palabra, ser fieles a ella en la dificultad y renunciar a la vida que ofrece este mundo, para que demos fruto. El Evangelio nos exige conversión y buenas obras, frutos que ayuden a esparcir su Palabra (Mt.7:15-20; Lc.6:43-44) (Lc.13:6-9) (Mt.21:19; Mc.11:13-14) (Ti.3:14) y dice que “cosecharemos lo que sembramos” (Prov.20:4, 22:8; Os.10:12; Gal.6:7; 2Cor.9:6-7), pero tengamos claro que el crecimiento y el fruto son obra del Señor (Mc.4:26-29; 1Cor.3:6-9; 2Cor.9:8-15) y que nosotros somos como tierra seca sedienta de su Palabra (Is.44:3-4, 55:10-11; Sal.63:1, 143:6). Tanto la parábola del sembrador, como la del trigo y la cizaña, se encuentran en Mateo 13, capítulo en el que Jesucristo predica el Reino de Dios a través de estas y más parábolas, como la parábola de la semilla de mostaza (Mt.13:31-32; Mr.4.30-32; Lc.13.18-19), la parábola de la levadura (Mt.13:33; Lc.13:20-21), la parábola del tesoro escondido en el campo (Mt.13:44) y otras que ya se escapan del tema, aunque siguen apegadas a los oficios comunes de la gente y a entregarse por completo al Evangelio.

Profundizando todavía en los frutos que hemos de dar, comparto las siguientes palabras:
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. […] Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. […] En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor […] Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
Este pasaje se engloba en el discurso final de Jesucristo en el evangelio según Juan, junto al cual también celebra su Última Cena y habla sobre el discipulado (entrada 8°). Esta ilustración es símil a las que hemos visto en las últimas 2 entradas, en que el cuerpo ha de estar unido a su cabeza y el rebaño guiado por su pastor… acá las ramas o pámpanos solo han de dar fruto si están unidos a la vid: Jesucristo.

La imagen de la vid verdadera da un sentido distinto a varias imágenes ya usadas en otros pasajes. Habla de una vid, siendo que se suele hablar de viña. Dice que el Padre es el labrador, aunque en más de una parábola el Señor de la viña tiene labradores, entendiéndose muchas veces que los que trabajan en la Iglesia somos los obreros de su viña (Mt.20:1–16) o de su campo de trigo (Mt.9:37-38; Lc.10:2; Jn.4:35-38). También se usan estos conceptos para referirse a cómo la nación hebrea rechazó los preceptos de Dios y a Cristo, dejando Dios de cuidar su viña (Is.5:1-7) y quitando la viña a los labradores malvados para dársela a otros (Mc.12:1-12; Lc.20:9-19). Siguiendo con este tema, en Juan 4:35-38 dice Jesús en Samaria (que no era considerado parte de Israel) que “os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (v.38) “para que el que siembra goce juntamente con el que siega” (v.36), pudiéndose entender que habla de cómo hemos sido injertados en la descendencia de Abraham (Rom.11:11-24) (entrada 6°). En aquel pasaje de Romanos, Pablo aporta más ideas a la imagen de la vid verdadera, aunque por el contexto cultural habla de un olivo en vez de una vid. Agrega que “si la raíz es santa, también lo son las ramas” (v.16) y que “no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti” (v.18).


¡Oh Señor! ¡Ayúdanos a entender con cuánta riqueza nos hablas en la Biblia, y la conexión especial que tenemos con la naturaleza! ¡Ayúdanos a comprender la multitud de consejos en tus Escrituras, y a no caer en falsas interpretaciones! ¡Ayúdanos a esperar con paciencia tu segunda venida, dando fruto y entregándonos al mundo entero! ¡Ayúdanos a mantenernos unidos a ti, nuestra única vid verdadera! Amén.